domingo, 22 de octubre de 2017

En la fiesta de San Juan Pablo II sale a la luz la carta de Francisco en la que obliga al Cardenal Sarah, Prefecto de Culto Divino, a hacer pública la intención de Bergoglio de cargarse la Instrucción "Liturgiam Authenticam" de San Juan Pablo II

Hoy, domingo 22 de octubre, fiesta de San Juan Pablo II en el calendario litúrgico del Novus Ordo, se ha hecho pública la carta de Francisco, fechada el pasado domingo 15 de octubre, por la que obliga a S. E. R. Robert S.R.E. Card. Sarah a retractarse (ver nota al final) públicamente de su interpretación -en línea con el Magisterio de sus predecesores- del motu proprio de Francisco "Magnum principium", para que deje claro que la intención de Bergoglio era cargarse dicha Instrucción -el texto habla de derogar algunos puntos, que son precisamente aquellos que dan sentido a la Instrucción del Papa Wojtyła-. Así, además de humillarle públicamente, Francisco obliga a que el Prefecto de Culto Divino envíe esta carta a varias páginas web que hicieron pública su interpretación ortodoxa, para que publiquen la rectificación de Francisco, cuya intención no era la ortodoxa. También debe enviar la carta a todas las Conferencias Episcopales y miembros de su dicasterio, para que a todos quede claro que la intención de Francisco era demoler derogar lo estipulado por San Juan Pablo II -como si nadie lo hubiera notado hasta ahora; en lo referente a la Comunión sacrílega de adúlteros y otros pecadores no arrepentidos, el documento no magisterial "Amoris laetitia" se ha empleado como derogación de facto de la "Familiaris consortio" y la "Veritatis splendor", ambas de San Juan Pablo II, cuya persona y Pontificado no parece haber gustado mucho a Francisco-.

La Instrucción "Liturgiam authenticam, sobre el uso de las lenguas vernáculas en la publicación de los libros de la liturgia romana" es una Instrucción de la Santa Sede, fechada el 28 de marzo de 2001, que estipulaba que en las traducciones de los textos litúrgicos de los originales oficiales en latín, o de la Sagrada Escritura de los originales en hebreo, arameo y griego, "el texto original, en la medida de lo posible, debe traducirse íntegramente y de la manera más exacta, sin omisiones o adiciones en términos de su contenido, y sin paráfrasis o glosas. Cualquier adaptación a las características o la naturaleza de las diversas lenguas vernáculas debe ser sobrio y discreto".

El pasado 3 de septiembre, Francisco firmaba el motu proprio "Magnum principium", para modificar el Código de Derecho Canónico y que las traducciones de los Libros Litúrgicos queden en manos de las Conferencias Episcopales, no teniendo que aprobar ya la Santa Sede dichas traducciones, sino que las "confirmará" directamente. De esta forma se permite a aquellas Conferencias Episcopales heterodoxas -por ejemplo, la alemana- a traducir los textos litúrgicos o las Sagradas Escrituras como les parezca, sin ajustarse a los textos originales.

Ya en una entrada del pasado mes de enero (ver aquí), escribí lo siguiente:

La posible revisión de la Instrucción "Liturgiam authenticam" sobre la traducción de la Biblia y los textos litúrgicos parece indicar la dirección señalada [la de derribar los supuestos obstáculos para lograr la tan ansiada -pese a estar condenada por el Magisterio de la Iglesia- intercomunión con los protestantes]: a nadie se le escapa que la Santa Misa es un obstáculo para la unión de católicos y protestantes, que sólo puede darse por su aceptación por parte de estos últimos y el retorno a la Iglesia Católica. Además, es un hecho que al Papa no le interesa especialmente lo relacionado con la Liturgia, pero sí está empeñado en la unión de los cristianos. Esta comisión y la subsiguiente "revisión" del documento supondría, pues, el aporte de una cierta apariencia de normalidad y profesionalidad -sería presentado como una mera revisión filológica o actualización al lenguaje actual-, cuando el objetivo no sería otro que adulterar modificar aquellos textos o pasajes que supongan un obstáculo para su aceptación por parte de los protestantes.

El 10 de septiembre también publiqué una entrada (ver aquí) en la que, además de transcribir literalmente el motu propio "Magnum principium" de Francisco, confirmaba la sospecha de que lo que Sandro Magister denominó en su momento "la demolición de la Instrucción 'Liturgiam authenticam' de San Juan Pablo II". Y ahora el mismo Francisco confirma con esta carta que ésa, y no otra, era la verdadera intención del nuevo motu propio: derogar aquellos puntos de la Instrucción del Papa polaco que impedían a las Conferencias Episcopales traducir los textos litúrgicos y de las Sagradas Escrituras como les diera la gana. ¿Adivinan cuáles serán las primeras que lo harán? Hagan sus apuestas.

Que quede claro que Francisco tiene toda la potestad para derogar la instrucción "Liturgiam authenticam" entera, si le place. Pero es bueno que todo el mundo conozca sus intenciones y sus métodos. La novedad es que esta vez, para no dar pie a especulaciones o malentendidos, los expone él mismo. Así ahorra a sus corifeos la tarea de tratar de justificarle diciendo que son invenciones de los "enemigos del Papa". Ya lo ha dejado claro él mismo. Carta original, en italiano, en este enlace.

NOTA: En opinión del P. John Zuhlsdorf (ver aquí) Francisco no habría pedido al Cardenal Sarah una rectificación, porque el "Commentaire" (en francés en el original) que algunas páginas web hicieron público y que se atribuyó al Cardenal Sarah, en realidad no sería suyo, como parece sugerir la carta de Francisco. En cualquier caso, lo que sí dejaría clara la carta de Francisco es su intención de revertir lo estipulado por San Juan Pablo II en lo referente a las traducciones de los textos litúrgicos y de las Sagradas Escrituras.

El obispo de Coira oficia la solemne Santa Misa Tridentina Pontifical con motivo de la tonsura e imposición de sotana a 12 seminaristas de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro en Gestratz, distrito de Lindau, Baviera (Alemania)

Estas fotografías fueron tomadas ayer, sábado 21 de octubre, durante la solemne Santa Misa Tridentina Pontifical oficiada por S. E. Mons. Vitus Huonder, Obispo de Coira (Suiza), con motivo de la tonsura e imposición de la sotana a doce seminaristas de segundo año de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro, pertenecientes al Seminario de San Pedro en Wigratzbad, Baviera (Alemania). La ceremonia, a la que aludí el pasado jueves (ver aquí), tuvo lugar en la iglesia parroquial de Gestratz, en el distrito de Lindau, también en Baviera. Tras la tonsura, los doce seminaristas recibieron la sotana y la sobrepelliz. Seminario de San Pedro - Wigratzbad.

viernes, 20 de octubre de 2017

Más de 3.000 fieles asistieron a la solemne Santa Misa Tridentina Pontifical oficiada en Chicago por el Centenario de las apariciones de Nuestra Señora del Rosario en Fátima y el "Milagro del Sol" (reportaje y fotos)

El pasado viernes 13 de mayo, en la iglesia de San Juan Cancio de Chicago (EE.UU.), tuvo lugar, a las 19:00 horas, el último evento de las celebraciones por el Centenario de las apariciones de Nuestra Señora del Rosario en Fátima (Portugal), coincidiendo con el aniversario del "Milagro del Sol", acaecido el 13 de octubre de 1917: la solemne Santa Misa Tridentina Pontifical oficiada por S. E. Mons. Joseph N. Perry, Obispo auxiliar de la Archidiócesis de Chicago. El P. Rocky Hoffman fue el encargado de dar el sermón.

Para la ocasión, el Coro y Orquesta Santa Cecilia interpretó la "Missa Cellensis en Do Mayor" (Mariazellermesse), de Franz Josef Haydn, así como otras piezas de Mozart y Schubert.

Tras el Santo Sacrificio se llevó a cabo la ceremonia de coronación de la imagen de Nuestra Señora en el exterior del templo, a la luz de las velas que portaban los fieles, mientras varios miembros del Departamento de Policía de Chicago portaban la imagen de la Santísima Virgen.

A la multitudinaria celebración de la Santa Misa y la posterior coronación de la Virgen asistieron más de tres mil fieles, que abarrotaban el templo y el exterior, y entre los que había numerosos clérigos, religiosos y los seminaristas del Seminario de Mundelein. Fotos: RMDurkin y AMDG. Canónigos Regulares de San Juan Cancio.

jueves, 19 de octubre de 2017

Solemne Santa Misa Tridentina por el XXIX Aniversario de la erección canónica de la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro en la abadía benedictina de Oberelchingen (Alemania)

Ayer, miércoles 18 de octubre, fiesta de San Lucas Evangelista, se cumplieron 29 años desde que la Fraternidad Sacerdotal de San Pedro fuera erigida canónicamente, el 18 de octubre de 1988. Por este motivo, todo el seminario que la FSSP tiene en Wigratzbad, Baviera (Alemania) se trasladó a la iglesia de la abadía benedictina de Oberelchingen, a unos 130 kilómetros al norte, muy cerca de Ulm, donde asistieron a la solemne Santa Misa Tridentina oficiada por el P. Hubert Bizard, Fssp, vicerrector, asistido por los PP. Calvin y Stollsteiner como diácono y subdiácono, respectivamente.

Tras el almuerzo se desplazaron en autobús hasta el castillo de Zeil, de camino de vuelta al seminario. Antes de las Vísperas tuvo lugar en su capilla la ceremonia de incorporación de los seminaristas de segundo año que el próximo sábado recibirán la tonsura y la sotana durante la Santa Misa Tridentina Pontifical que será oficiada en la iglesia parroquial de Gestratz. Seminario de San Pedro - Wigratzbad.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Vuelve a repetirse el Milagro del Sol cien años después de que se produjera en Fátima

El pasado viernes 13 de octubre, mientras se realizaba la procesión tras la Santa Misa oficiada durante el Congreso Nacional Mariano que se estaba celebrando en Benin (Nigeria), para conmemorar el centenario de las apariciones de la Santísima Virgen María en Fátima (Portugal) y realizar la consagración de Nigeria al Inmaculado Corazón de María, cientos de personas presenciaron como se volvía a repetir, cien años después, el "Milagro del sol". La Conferencia Episcopal de Nigeria ha publicado en Facebook las fotografías que acompañan esta entrada junto con el siguiente mensaje:

La historia se ha repetido aquí en la ciudad de Benin, Nigeria, durante el Congreso Nacional Mariano. Lo que pasó hace 100 años en Fátima, Portugal, ha vuelto a suceder el 13 de octubre de 2017. Qué gran milagro de Nuestra Madre María, Nuestra Señora de Fátima...

Hace un siglo, el periodista portugués Avelino de Almeida, ateo, relató así en el diario O Século el "Milagro del Sol" ocurrido en Fátima:

La hora antigua es la que vale para esta muchedumbre, que era, según cálculos desapasionados de personas cultas y completamente extrañas a influencias místicas, de treinta a cuarenta mil personas... La manifestación milagrosa, la señal visible está a punto de producirse, afirman muchos peregrinos... Y uno asiste a un espectáculo único e increíble para aquellos que no lo han presenciado. Desde lo alto de la carretera, donde se amontonan los carros y donde se hallan centenares de personas que no han tenido aliento para adentrarse en el barro, se ve a la inmensa multitud volverse hacia el sol, que está limpio de nubes, en pleno mediodía. El astro se asemeja a un disco de plata pálida y se le puede contemplar cara a cara sin ninguna molestia. Parece un eclipse. Pero he ahí que se eleva un colosal clamor y oímos que los espectadores más próximos a nosotros exclaman: "¡Milagro! ¡Milagro! ¡Maravilla!"

Ante admirados ojos de este pueblo, cuya actitud nos traslada a los tiempos bíblicos y que, presa de espanto, descubierta la cabeza, mira hacia el cielo azul, el sol ha temblado, ha realizado unos movimientos bruscos nunca vistos, fuera de todas las leyes cósmicas; el sol "ha danzado", según la expresión típica de los campesinos... Subido sobre el estribo del coche de Torres Novas, un anciano cuya estatura y fisonomía suave, y a la vez enérgica, recuerdas las de Paul Déroulède, reza, vuelto hacia el sol y con grandes voces, el credo, desde el principio hasta el fin.

Inmediatamente las gentes se preguntan unos a otros si han visto alguna cosa y qué es lo que han visto. La mayor parte confiesan que lo que han visto es el movimiento o la danza del sol; otros afirman haber visto el rostro sonriente de la Virgen, o juran que el sol ha dado una vuelta sobre sí mismo, como si fuese una rueda de fuegos artificio que ha descendido hasta quemar la tierra con sus rayos... Alguien dice, en fin, que ha visto cómo cambiaba sucesivamente de color...

Avelino de Almeida

domingo, 15 de octubre de 2017

Dos presos peligrosos recién fugados echan por tierra la opinión personal de Francisco, contraria a las Sagradas Escrituras y al Magisterio de la Iglesia, de que la pena de muerte es siempre "inadmisible" y contraria al Evangelio

Dos presos peligrosos recién fugados han echado por tierra la opinión personal de Francisco -contraria a las Sagradas Escrituras y al Magisterio de la Iglesia, incluyendo los escritos de varios Santos y Doctores de la Iglesia, así como la de al menos dos Concilios Ecuménicos Dogmáticos-, de que la pena de muerte es siempre "inadmisible".

La policía italiana acaba de hacer público un suceso que se produjo hace dos semanas, el pasado domingo 1 de octubre. Ese día, dos de los veinte presos invitados a compartir con Francisco un almuerzo, consistente en lasaña y costilleta, en la iglesia de San Petronio de Bolonia (Italia) -profanación aparte-, aprovecharon el festín para escaparse. Se trata de dos napolitanos clasificados como "socialmente peligrosos", que estaban a cargo del capellán de la Casa de Trabajo y Reclusión de Castelfranco-Emilia, un centro de rehabilitación al final de las condenas, que cuenta con una sección para drogadictos y otra para presos socialmente peligrosos -los sociópatas son personas que no muestran empatía por otros, ni remordimientos por sus acciones-.

El referido capellán era el responsable de llevar a los veinte presos a participar en la cuchipanda en el interior del templo, con ayuda de algunos voluntarios que colaboran en programas de rehabilitación. Tras su llegada en el autobús y tras participar "devotamente" en el rezo del Ángelus previo a la comilona, estos dos presos decidieron que era el momento de poner pies en polvorosa. Al sentarse a la mesa, los responsables se dieron cuenta de que quedaban libres dos sillas. Faltaban los dos napolitanos "socialmente peligrosos", que ya son libres para cometer cualquier delito -incluyendo maltratos, violaciones o asesinatos, si les apetece-, gracias a la generosa y misericordiosa invitación de Francisco para profanar reutilizar la iglesia de San Petronio celebrando una francachela en su interior.

Este suceso es uno de los que, en la práctica -la teoría es muy bonita, pero la realidad es muy tozuda-, pone en solfa las recientes afirmaciones de Francisco, en las que expresaba su opinión personal -totalmente opuesta a las Sagradas Escrituras y al Magisterio de la Iglesia, incluyendo lo enseñado por los Apóstoles, Doctores de la Iglesia, los dos últimos Concilios Ecuménicos Dogmáticos y todos los Papas anteriores a él-, de que la pena de muerte es siempre "inadmisible". Dicha opinión la expresó el pasado miércoles 11 de octubre, durante un discurso sobre la pena de muerte en un encuentro organizado por el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, con motivo del XXV Aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica en 1992.

Lo grave de dichas palabras, aparte de la ya acostumbrada y frecuente manipulación o tergiversación a la que suele recurrir Francisco para justificar sus ideas personales en aquellas ocasiones en que éstas son claramente incompatibles con las Sagradas Escrituras, la Doctrina o el Magisterio de la Iglesia, radica en el hecho de que esta vez ha cargado contra toda la Iglesia anterior a él, al tratar de justificar que Ésta se ha equivocado durante más de dos mil años y que el acertado es él. ¿Cuál es su argumento? ¡Que la doctrina progresa! Eufemismo empleado para reconocer que trata, simple y llanamente, de cambiar la doctrina, para lo cual carece de toda potestad, aparte de que el aludido "progreso" de la doctrina al que se refiere Francisco está solemnemente condenado por el Sacrosanto y Ecuménico Concilio Vaticano I.

En el discurso, transcrito íntegramente en español en la página web oficial de la Santa Sede (puede leerse aquí), Francisco ha afirmado:

Esta cuestión no se puede reducir al mero recuerdo de un principio histórico, sin tener en cuenta no sólo el progreso de la doctrina llevado a cabo por los últimos Pontífices, sino también el cambio en la conciencia del pueblo cristiano, que rechaza una actitud complaciente con respecto a una pena que menoscaba gravemente la dignidad humana. Hay que afirmar de manera rotunda que la condena a muerte, en cualquier circunstancia, es una medida inhumana que humilla la dignidad de la persona. Es en sí misma contraria al Evangelio porque con ella se decide suprimir voluntariamente una vida humana, que es siempre sagrada a los ojos del Creador y de la que sólo Dios puede ser, en última instancia, su único juez y garante.

[Y tras citarse a sí mismo, en unas palabras pronunciadas en 2015, continúa]:

Por tanto, a nadie se le puede quitar la vida ni la posibilidad de una redención moral y existencial que redunde en favor de la comunidad.

En los siglos pasados, cuando no se tenían muchos instrumentos de defensa y la madurez social todavía no se había desarrollado de manera positiva, el recurso a la pena de muerte se presentaba como una consecuencia lógica de la necesaria aplicación de la justicia. Lamentablemente, también en el Estado Pontificio se acudió a este medio extremo e inhumano, descuidando el primado de la misericordia sobre la justicia. Asumimos la responsabilidad por el pasado, y reconocemos que estos medios fueron impuestos por una mentalidad más legalista que cristiana. La preocupación por conservar íntegros el poder y las riquezas materiales condujo a sobrestimar el valor de la ley, impidiendo una comprensión más profunda del Evangelio. Sin embargo, permanecer hoy neutrales ante las nuevas exigencias de una reafirmación de la dignidad de la persona nos haría aún más culpables.

Es curioso que el clero "progresista", al que evidentemente pertenece el actual ocupante de la cátedra de San Pedro, cuando se trata del plano meramente material suele anteponer la justicia a la misericordia -por ejemplo, exigiendo "justicia" social y "derechos" y rechazando la simple y cristiana caridad, en la que no se ama al prójimo porque éste se lo merezca, sino por amor a Dios-; pero si se trata de la salvación o condenación eterna de las almas suele hacer justo lo contrario: anteponer -cuando no contraponer- la misericordia a la justicia -como si fueran incompatibles-, presentando una caricatura de Dios, como si Éste fuera un simpático abuelito que malcría a sus nietos consintiéndoles todo, premiándoles siempre y perdonándoles todo, aunque no se arrepientan, ni se corrijan e incluso ni siquiera pidan perdón cuando cometen maldades. Ese dios injusto es incompatible con lo que Dios ha expresado sobre Sí mismo a lo largo de toda la Revelación y que la Iglesia ha transmitido durante más de dos milenios a través de la Sagrada Tradición y el Magisterio de la Iglesia.

Las infumables palabras de Francisco, además de versar sobre un tema del que carece doblemente de potestad -por un lado, es el poder civil, como ha sido siempre, el que decide si sus leyes o códigos penales incluyen o no la pena capital; y, por otro, Francisco no puede cambiar el Magisterio de la Iglesia-, tratan de engañar a los incautos presentando un "progreso" de la doctrina en el Magisterio de los últimos Papas, cuando tal cosa es falsa: San Juan Pablo II sostuvo y expuso el Magisterio que la Iglesia ha enseñado siempre y que permite la pena de muerte en determinadas circunstancias, como se puede comprobar en el Catecismo de la Iglesia Católica que él mismo promulgó. El "progreso" sugerido no fue el paso de la aceptación de la pena de muerte a su condena por parte de la Iglesia o del mismo San Juan Pablo II, sino la mejora en las condiciones de retención de los reos que han cometido crímenes execrables: actualmente, sostenía San Juan Pablo II, pueden darse las condiciones que hagan innecesaria -no que sea inadmisible o inmoral- el recurso a la pena de muerte. En realidad, las palabras del Papa Wojtyła fueron bien claras, aunque más teóricas que prácticas, como se comprueba por los dos presos fugados recientemente o el caso del Capo Guzmán -que además de haber podido escapar, desde la misma cárcel dirigía sus negocios de narcotráfico y podía mandar asesinar a muchas personas-, ejemplo que ya di como respuesta a un comentario en la entrada "El Papa Francisco nuevamente contra el Catecismo de la Iglesia Católica y el Magisterio bimilenario: esta vez a cuenta de la pena de muerte".

Es totalmente deshonesto presentar como "en línea" con lo dicho por Papas anteriores lo que, en realidad, es precisamente lo contrario y una clara ruptura con lo que dichos Papas han enseñado. Esto también lo hemos visto a propósito de "Amoris laetitia", documento en el que, de forma totalmente torticera, se tergiversa el Magisterio pontificio precedente o lo dicho por Santo Tomás de Aquino, para defender justo lo contrario. Y ello, sacando frases de contexto, cuando no cambiándolas directamente, o recortando textos, para poder reinterpretarlos de tal forma que parezca que dicen justo lo contrario de lo que realmente dicen.

Pero el colmo de la deshonestidad se produce cuando, más adelante, se atreve a afirmar, citando a continuación a San Vicente de Lérins -que más que ayudarle en su defensa, evidencia su manipulación-, lo siguiente:

El desarrollo armónico de la doctrina, sin embargo, requiere que se deje de sostener afirmaciones en favor de argumentos que ahora son vistos como definitivamente contrarios a la nueva comprensión de la verdad cristiana. Además, como ya mencionaba san Vicente de Lerins...

Tal afirmación está condenada con anatema por el Sacrosanto y Ecuménico Concilio Vaticano I (dogmático). Aquí no existe ninguna "nueva comprensión" de la verdad cristiana, sino un burdo intento de cambiar lo que la Iglesia siempre ha enseñado y los cristianos siempre han creído.

Ya expuse ésto mismo el pasado 8 de abril de 2016, cuando, con motivo de la presentación de "Amoris laetitia" en una conferencia dada en el Aula Juan Pablo II de la Sala Stampa de la Santa Sede por los cardenales Lorenzo Baldisseri, secretario general del infausto sínodo de la familia, y Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, éste último, en la sesión de preguntas y respuestas, además de citar torticeramente a varios Papas postconciliares -por lo visto, no hubo otros antes, y si los hubo, mejor olvidarlos-, fundamentalmente a San Juan Pablo II y a S. S. Benedicto XVI, para justificar la comunión de los adúlteros -algo que ambos Papas jamás consideraron permisible-, repitió en varias ocasiones la idea, no católica, del "desarrollo orgánico de la doctrina", algo condenado, como ya he dicho, explícita y solemnemente por el Concilio Vaticano I, que en la Constitución dogmática «Filius Dei» sobre la Fe Católica define lo siguiente:

"Así pues, la doctrina de la fe que Dios ha revelado es propuesta no como un descubrimiento filosófico que puede ser perfeccionado por la inteligencia humana, sino como un depósito divino confiado a la esposa de Cristo para ser fielmente protegido e infaliblemente promulgado. De ahí que también hay que mantener siempre el sentido de los dogmas sagrados que una vez declaró la Santa Madre Iglesia, y no se debe nunca abandonar bajo el pretexto o en nombre de un entendimiento más profundo. «Que el entendimiento, el conocimiento y la sabiduría crezcan con el correr de las épocas y los siglos, y que florezcan grandes y vigorosos, en cada uno y en todos, en cada individuo y en toda la Iglesia: pero esto sólo de manera apropiada, esto es, en la misma doctrina, el mismo sentido y el mismo entendimiento»".

En el Canon III del mencionado capítulo IV "Sobre la fe y la razón", se condena solemnemente:

"Si alguno dijere que es posible que en algún momento, dado el avance del conocimiento, pueda asignarse a los dogmas propuestos por la Iglesia un sentido distinto de aquel que la misma Iglesia ha entendido y entiende: sea anatema".

Pero, a pesar de ello, a Francisco le da igual y, poniéndose el mundo por montera, ya en la introducción de "Amoris laetitia" hablaba de "profundizar cuestiones doctrinales y morales" o de "reflexión creativa de los pastores y teólogos para encontrar mayor claridad", en vez de decir claramente "cambiar la doctrina y la moral católicas". Como ya expliqué en otra entrada (ver aquí), los dogmas no "evolucionan", ni existe -como lo expresó el Cardenal Schönborn en la presentación del documento antes referida-, ningún "desarrollo orgánico de la doctrina". Tal subterfugio, por parte de quienes pretenden cambiar la Doctrina y la Moral de la Iglesia con la excusa de una "profundización" o "comprensión mayor" a lo largo del tiempo, para hacerla decir lo contrario de como siempre lo ha entendido la Iglesia, está explícitamente condenado en el Canon III del capítulo IV, "Sobre la fe y la razón", de la Constitución dogmática del Concilio Vaticano I «Filius Dei» sobre la Fe Católica, como ya he señalado.

A pesar de ello, Francisco no ha tenido reparo alguno en sostener que "en la Iglesia es necesaria una unidad de doctrina y de praxis, pero ello no impide que subsistan diferentes maneras de interpretar algunos aspectos de la doctrina o algunas consecuencias que se derivan de ella". Es decir, que puedan "interpretarse" de forma diferente a como siempre lo ha hecho la Iglesia. Exactamente lo que el Concilio Vaticano I condenó solemnemente. Y a continuación lo reitera, afirmando que "esto sucederá hasta que el Espíritu nos lleve a la verdad completa" -idea que vuelve a repetir en el discurso objeto de esta entrada-, como si la Iglesia llevara dos mil años conociendo sólo la verdad a medias o, lo que es peor, malinterpretándola y enseñando falsedades. Como puede verse, esta idea se opone frontalmente a lo que siempre ha creído y enseñado la Iglesia Católica.

Resulta, pues, sorprendente, que recurra precisamente a San Vicente de Lérins para sostener algo contrario a lo que la Iglesia ha creído y enseñado siempre, pues es a este Santo a quien debemos la más conocida cita sobre la inmutabilidad de lo que la Iglesia cree y enseña:

Sostenemos la fe que ha sido creída en todas partes, siempre, por todos
(QVOD VBIQVE QVOD SEMPER QVOD AB OMNIBVS CREDITVM EST)

Es decir, la verdad católica básica que legitima el desarrollo de la doctrina católica deja intacta "la misma doctrina, el mismo sentido y la misma interpretación", exactamente como afirmó el Concilio Vaticano I, que condena justamente lo contrario en el ya mencionado Canon III del capítulo IV, "Sobre la fe y la razón", de la Constitución Dogmática del Concilio Vaticano I «Filius Dei» sobre la Fe Católica.

Centrándonos en el tema que nos ocupa, la pena de muerte, y dejando de lado las prescripciones del Antiguo Testamento sobre la misma, veamos lo que el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia ha dicho sobre este tema a lo largo de los más de dos mil años de Historia de la Iglesia:

Santos Evangelios:

“Pero el otro [malhechor] le respondió diciendo: «¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros la sufrimos con razón, porque nos lo hemos merecido con nuestros hechos; en cambio, este nada malo ha hecho.» Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino». Jesús le dijo: «Yo te aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23,40-43)

“Si he cometido alguna injusticia o crimen digno de muerte, no rehuso morir” (Hch 25,11)

“Sométanse todos a las autoridades constituidas, pues no hay autoridad que no provenga de Dios, y las que existen, por Dios han sido constituidas. De modo que, quien se opone a la autoridad, se rebela contra el orden divino, y los rebeldes se atraerán sobre sí mismos la condenación. En efecto, los magistrados no son de temer cuando se obra el bien, sino cuando se obra el mal. ¿Quieres no temer a la autoridad? Obra el bien, y obtiendrás de ella elogios, pues la autoridad es para ti un servidor de Dios para el bien. Pero, si obras el mal, teme: pues no en vano lleva espada: pues es un servidor de Dios para hacer justicia y castigar al que obra el mal (Rm 13,1-4)

San Clemente de Alejandría:

“Por la salud del cuerpo soportamos hacernos amputar y cauterizar, y aquel que suministra estos remedios es llamado médico, salvador; él amputa algunas partes del cuerpo para que no se enfermen las partes sanas; no es por rencor o maldad hacia el paciente sino según la razón del arte que le sugiere y nadie, por lo tanto, acusaría de maldad al médico por su arte. […] Cuando [la ley] ve a alguien de tal modo que parezca incurable, viéndolo ir por el camino de la extrema injusticia, entonces se preocupa de los otros para que no vayan a la perdición por obra de aquel, y como cortando una parte del cuerpo entero lo manda a la muerte (Stromata)

San Agustín (Doctor de la Iglesia):

“Hay algunas excepciones, sin embargo, a la prohibición de no matar, señaladas por la misma autoridad divina. En estas excepciones quedan comprendidas tanto una ley promulgada por Dios de dar muerte como la orden expresa dada temporalmente a una persona. Pero, en este caso, quien mata no es la persona que presta sus servicios a la autoridad; es como la espada, instrumento en manos de quien la maneja. De ahí que no quebrantaron, ni mucho menos, el precepto de no matarás los hombres que, movidos por Dios, han llevado a cabo guerras, o los que, investidos de pública autoridad, y ateniéndose a su ley, es decir, según el dominio de la razón más justa, han dado muerte a reos de crímenes (La Ciudad de Dios, libro I, c. 21)

“Algunos hombres grandes y santos, que sabían muy bien que esta muerte que separa el alma del cuerpo no se debe temer; sin embargo, según el parecer de aquellos que la temen, castigaron con la pena de muerte algunos pecados, bien para infundir saludable temor a los vivientes, o porque no dañaría la muerte a los que con ella eran castigados, sino el pecado que podría agravarse si viviesen. No juzgaban desconsideradamente aquellos a quienes el mismo Dios había concedido un tal juicio. De esto depende que Elías mató a muchos, bien con la propia mano, o bien con el fuego, fruto de la impetración divina; lo cual hicieron también otros muchos excelentes y santos varones no inconsideradamente, sino con el mejor espíritu, para atender a las cosas humanas” (El Sermón de la Montaña, c. 20, nº 64).

Inocencio III: exigió a los herejes valdenses que reconocieran, como parte de la fe católica, que:

El poder secular puede sin caer en pecado mortal aplicar la pena de muerte, con tal que proceda en la imposición de la pena sin odio y con juicio, no negligentemente sino con la solicitud debida” (DS 795/425, citado por Avery Dulles, Catholicism and Capital Punishment)

Santo Tomás de Aquino (Doctor de la Iglesia):

“Se prohíbe en el decálogo el homicidio en cuanto implica una injuria, y, así entendido, el precepto contiene la misma razón de la justicia. La ley humana no puede autorizar que lícitamente se dé muerte a un hombre indebidamente. Pero matar a los malhechores, a los enemigos de la república, eso no es cosa indebida. Por tanto, no es contrario al precepto del decálogo, ni tal muerte es el homicidio que se prohíbe en el precepto del decálogo” (Suma Teológica, I-II, q.100, a.8, ad 3).

“Pues toda parte se ordena al todo como lo imperfecto a lo perfecto, y por ello cada parte existe naturalmente para el todo. Y por esto vemos que, si fuera necesaria para la salud de todo el cuerpo humano la amputación de algún miembro, por ejemplo, si está podrido y puede inficionar a los demás, tal amputación sería laudable y saludable. Pues bien: cada persona singular se compara a toda la comunidad como la parte al todo; y, por tanto, si un hombre es peligroso a la sociedad y la corrompe por algún pecado, laudable y saludablemente se le quita la vida para la conservación del bien común; pues, como afirma 1Co 5,6, un poco de levadura corrompe a toda la masa” (Suma Teológica, II-II, q.64, a.2)

“Esta clase de pecadores, de quienes se supone que son más perniciosos para los demás que susceptibles de enmienda, la ley divina y humana prescriben su muerte. Esto, sin embargo, lo sentencia el juez, no por odio hacia ellos, sino por el amor de caridad, que antepone el bien público a la vida de una persona privada (Suma Teológica, II-II, q.25, a.6, ad 2)

San Alfonso María de Ligorio (Doctor de la Iglesia):

“Duda II: Si, y en qué manera, es lícito matar a un malhechor.

Más allá de la legítima defensa, nadie excepto la autoridad pública puede hacerlo lícitamente, y en este caso sólo si se ha respetado el orden de la ley [...] A la autoridad pública se ha dado la potestad de matar a los malhechores, no injustamente, dado que es necesario para la defensa del bien común” (Theologia Moralis)

Es lícito que un hombre sea ejecutado por las autoridades públicas. Hasta es un deber de los príncipes y jueces condenar a la muerte a los que lo merecen, y es el deber de los oficiales de justicia ejecutar la sentencia; es Dios mismo que quiere que sean castigados” (Instrucciones para el pueblo)

Catecismo de Trento:

“Otra forma de matar lícitamente pertenece a las autoridades civiles, a las que se confía el poder de la vida y de la muerte, mediante la aplicación legal y ordenada del castigo de los culpables y la protección de los inocentes. El uso justo de este poder, lejos de ser un crimen de asesinato, es un acto de obediencia suprema al Mandamiento que prohíbe el asesinato”.

Catecismo de San Pío X:

“¿Hay casos en que es lícito quitar la vida al prójimo? Es lícito quitar la vida al prójimo cuando se combate en guerra justa, cuando se ejecuta por orden de la autoridad suprema la condenación a muerte en pena de un delito y, finamente, en caso de necesaria y legítima defensa de la vida contra un injusto agresor” (nº 415)

León XIII:

“Es un hecho común que las leyes divinas, tanto la que se ha propuesto con la luz de la razón tanto la que se promulgó con la escritura divinamente inspirada, prohíben a cualquiera, de modo absoluto, de matar o herir un hombre en ausencia de una razón pública justa, a menos que se vea obligado por necesidad de defender la propia vida (Encíclica Pastoralis Oficii, 12 de septiembre de 1881)

Venerable Pío XII:

“Aun en el caso de que se trate de la ejecución de un condenado a muerte, el Estado no dispone del derecho del individuo a la vida. Entonces está reservado al poder público privar al condenado del «bien» de la vida, en expiación de su falta, después de que, por su crimen, él se ha desposeído de su «derecho» a la vida (Discurso a los participantes en el I Congreso Internacional de Histopatología del Sistema Nervioso, nº 28, 13 de septiembre de 1952)

San Juan Pablo II:

“Es evidente que, precisamente para conseguir todas estas finalidades, la medida y la calidad de la pena deben ser valoradas y decididas atentamente, sin que se deba llegar a la medida extrema de la eliminación del reo salvo en casos de absoluta necesidad, es decir, cuando la defensa de la sociedad no sea posible de otro modo” (Encíclica Evangelium Vitae, nº 56, 25 de marzo de 1995)

Catecismo de la Iglesia Católica:

“A la exigencia de la tutela del bien común corresponde el esfuerzo del Estado para contener la difusión de comportamientos lesivos de los derechos humanos y las normas fundamentales de la convivencia civil. La legítima autoridad pública tiene el derecho y el deber de aplicar penas proporcionadas a la gravedad del delito. La pena tiene, ante todo, la finalidad de reparar el desorden introducido por la culpa. Cuando la pena es aceptada voluntariamente por el culpable, adquiere un valor de expiación. La pena finalmente, además de la defensa del orden público y la tutela de la seguridad de las personas, tiene una finalidad medicinal: en la medida de lo posible, debe contribuir a la enmienda del culpable. La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si esta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas. Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana” (nº 2266-2267).

Además de las referidas citas, se podrían citar muchísimas más de Padres y Doctores de la Iglesia, Santos y grandes teólogos -San Juan Cristóstomo, San Gregorio Nacianceno, San Efrén, San Ambrosio, San Hilario de Poitiers, San Roberto Belarmino, San Pío V, Pío XI, Inocencio I, San Dámaso, San Bernardo, San Jerónimo, Santo Tomás Moro, San Francisco de Borja, San Francisco de Sales, Francisco de Vitoria, San Felipe Neri, Francisco Suárez, Beato Duns Scoto, etc.-.

Téngase en cuenta que, además de la licitud moral -y a veces hasta el deber- de la pena de muerte como castigo justo y para protección de la sociedad, también se justifica en orden a la salvación eterna de las almas. Nótese que, de no aplicarse, no sólo estaría en juego la vida terrenal de las futuras víctimas en caso de que los asesinos o traidores -que ponen en riesgo la seguridad de una nación y la vida de sus ciudadanos, al posibilitar a sus enemigos que les ataquen o al fomentar guerras y revoluciones- escaparan de prisión o salieran por otros motivos, sino también la posible salvación eterna de dichas víctimas, que quizás podrían salvarse si muriesen más tarde en otras circunstancias, y al quitarles la vida estos asesinos, quizás se condenen; mientras que a ellos, hasta que les ejecuten, se les da la oportunidad de arrepentirse y salvarse -a sus víctimas no, por lo que pierden su vida y puede que también su alma-. Alguien podría argumentar que éso ya lo tiene previsto la Divina Providencia y que si las víctimas se condenan es por sus propias culpas. Naturalmente, uno siempre se condena por sus propios pecados, pero quizás si un asesino no les hubiese matado podrían haberse arrepentido en el futuro. La Divina Providencia también ha previsto la pena de muerte para evitar que otras víctimas se condenen por las razones expuestas.

Queda, pues, meridianamente claro lo que, tanto el Evangelio, como el Magisterio de la Iglesia, ha enseñado siempre sobre este tema, en contraposición con la errada opinión personal de Bergoglio, que acusa al mismo Cristo -quien, pudiendo y debiendo, no contradijo al buen ladrón-, al Apóstol San Pablo, a los citados Santos y Doctores de la Iglesia, así como a varios Sumos Pontífices, de ser "legalistas" y malos cristianos y de no comprender el Evangelio por su "preocupación por conservar íntegros el poder y las riquezas materiales".

Creyendo y afirmando semejantes disparates, no es sorprendente que Francisco concluya diciendo que "no se puede conservar la doctrina sin hacerla progresar, ni se la puede atar a una lectura rígida e inmutable sin humillar la acción del Espíritu Santo". No hay ningún progreso en afirmar lo contrario de lo que siempre ha afirmado la Iglesia. Lo que hay es una ruptura, por más que se la adorne con bellas palabras y esté acorde con el sentimiento de cierta parte de la sociedad occidental actual -muy sensible con los derechos de los victimarios y muy poco con los de las víctimas pasadas, presentes o futuras-. Además de considerar al Espíritu Santo como una especie de veleta que cambia de dirección arbitrariamente, sin lógica alguna, y que ha permitido errar a la Iglesia durante dos milenios hasta la llegada de Bergoglio al solio pontificio, inspirándole sólo a él -como si se tratara de un médium que recibe mensajes del Más Allá-, lo que ha negado a sus antecesores. Si tal visión no fuera tan grave para el bien de las almas -y por la amenaza de que podría modificar el Catecismo-, sería risible, por lo pueril.

Oremos por Francisco, para que debido a sus pensamientos, palabras, obras y omisiones, habida cuenta de su enorme responsabilidad sobre el destino eterno de miles de millones de almas, no acabe dando de bruces con la suya en las calderas de Pedro Botero.

Véase también:


Y sobre la falsa "evolución" de la doctrina:




La noticia sobre la fuga de los presos invitados a la comilona con Francisco puede leerse aquí, y las citas del Magisterio están tomadas de aquí, que a su vez las ha tomado de aquí.

jueves, 12 de octubre de 2017

Solemnidad de Nuestra Señora del Pilar, Patrona de la Hispanidad, de la Guardia Civil y del Arma Submarina (12 de octubre). Letra del Himno a la Virgen del Pilar compuesta por un catalán y un aragonés

Francisco de Goya - La aparición de la Virgen del Pilar (1775-1785)
En menos de cuatro meses se cumplirá el CV Aniversario de la declaración oficial del Patronazgo de la Virgen del Pilar en la Guardia Civil, que se produjo el 8 de febrero de 1913. También se cumplirá el CV Aniversario de la primera celebración litúrgica como Patrona del Cuerpo. Fue Su Majestad el Rey D. Alfonso XIII quien firmó la Real Orden de 8 de febrero de 1913 (C.L. nº 10, pág. 34) por la que se proclamaba Patrona de la Guardia Civil a la Santísima Virgen María, en su advocación del Pilar, que ya era Patrona de los Guardias Jóvenes, que rezaban ante la imagen de Nuestra Señora del Pilar por los Guardias Civiles, para que les protegiera y librara de la acechanza de los malhechores a quienes persiguen, como explica el número 284 del Boletín Oficial del Cuerpo (1913). Más tarde, al fusionarse los Cuerpos de Carabineros y de la Guardia Civil, el Excmo. y Rvdmo. Sr. Vicario General Castrense confirmó dicho Patronazgo, el 9 de octubre de 1940 (Boletín Oficial del Cuerpo nº 11, pág. 628).

Desde el 3 de octubre de 1913 la Guardia Civil celebra la solemnidad litúrgica como indicaba la Orden General de la Guardia Civil para celebrar la fiesta de su Patrona: "En todos los puestos se vestirá de gala, izándose la bandera en las casas-cuarteles, previa la venia de la autoridad militar de la plaza, donde la haya [...] En las capitales de provincia se costeará una Misa rezada, que se aplicará en sufragio de los compañeros del Cuerpo fallecidos, asistiendo a ella la fuerza franca de servicio, con armas y al mando del jefe de la línea. En Barcelona y Valencia irá la fuerza mandada por el jefe y capitanes de cuartel y subalternos de semana. En éstas y en las demás capitales concurrirán al acto todos los jefes y oficiales, invitando a las autoridades y a los demás cuerpos del Ejército para que puedan designar una comisión que los represente".

Por el fuerte vínculo de la Benemérita con la Virgen del Pilar se quiso dar reconocimiento público a esta unión. El 13 de mayo de 1917, siendo Director General el Teniente General D. Antonio Tovar Marcoleta, se colocó una placa en la basílica del Pilar de Zaragoza, a la izquierda del arco de acceso a la capilla de la Virgen, por la parte de la sacristía, donde se lee: "Los Generales, Jefes, Oficiales y personal de Tropa del Instituto de la Guardia Civil como homenaje a Nuestra Señora la Virgen del Pilar declarada su Excelsa Patrona por Real Orden de 8 de febrero de 1913".

Además, el vínculo entre España y la Virgen del Pilar abarca todas las naciones de América de lengua española, que cada 12 de octubre, al igual que la Benemérita, celebran su Patronato como Reina de la Hispanidad.

Para finalizar, transcribo el Himno a la Virgen del Pilar, único que puede entonar la Guardia Civil fuera de las celebraciones litúrgicas. Fue compuesto en 1908, con letra del sacerdote aragonés P. Florencio Jardiel Dobato (1844-1931) y música del compositor catalán Joan Baptista Lambert i Caminal (1884-1945):

Himno de la Virgen del Pilar (1908)

Virgen Santa, Madre mía
luz hermosa, claro día
que la tierra aragonesa
te dignaste visitar.
Este pueblo que te adora,
de tu amor favor implora
y te aclama y te bendice
abrazado a tu Pilar.
Pilar sagrado, faro esplendente,
rico presente de caridad.
Pilar bendito, trono de gloria,
tú a la victoria nos llevarás.
Cantad, cantad
himnos de honor y de alabanza
a la Virgen del Pilar.

sábado, 7 de octubre de 2017

Santo Rosario rezado por más de un millón de polacos a lo largo de toda la frontera del país para pedir la salvación de Polonia y del mundo entero, en el aniversario de la victoria de la Cristiandad contra los musulmanes en la batalla de Lepanto

El episcopado de Polonia ha hecho un llamamiento a los católicos para que participen en esta multitudinaria celebración mariana que se extenderá a lo largo de toda la frontera del país. El objetivo es que la Santísima Virgen proteja a toda la nación y al mundo entero. En un comunicado de la Conferencia Episcopal Polaca se conmina a seguir el mensaje de Fátima, coincidiendo con el centenario de las apariciones de la Santísima Virgen a los tres pastorcillos portugueses. Además, este rezo también coincide con el primer sábado de mes, tal y como la Santísima Virgen pidió a sor Lucía que se hiciera, y también se celebra el CXL Aniversario de las apariciones de la Virgen en Gietrzwald, las únicas reconocidas en Polonia.
"Oremos juntos: sacerdotes, consagrados, laicos, adultos, jóvenes y niños", han pedido los obispos polacos. En un comunicado, los organizadores han recordado que "el Rosario es un arma poderosa en la lucha contra el mal, tan fuerte que puede cambiar el curso de la historia, y miles de testimonios y milagros documentados demuestran su extraordinaria eficacia [...] María es la Reina de Polonia, nos cuida desde hace generaciones, siempre ha estado con nosotros en los momentos críticos de nuestra historia y estamos ahora con ella [...] si el Rosario es rezado por un millón de polacos en las fronteras del país, no sólo se puede cambiar el curso de los acontecimientos sino que puede abrir los corazones de nuestros compatriotas a la gracia de Dios [...] La oración poderosa del Rosario puede cambiar el destino de Polonia, Europa e incluso el mundo entero. Baste decir que María siempre dirige la petición de oración frecuente del Rosario, en casi todas sus revelaciones [...] a través de esta oración sin precedentes del Rosario queremos mostrar fidelidad y obediencia a María, que nos llama incansablemente a recitar el Rosario. También queremos pedir perdón por toda blasfemia e insulto contra el Inmaculado Corazón de María. Deseamos implorar por la intercesión de la Madre de Dios para salvar a Polonia y al mundo".
No ha sido casualidad la elección de la fiesta de Nuestra Señora del Rosario, en la que se conmemora el triunfo de la Cristiandad contra los infieles musulmanes en la batalla de Lepanto, salvando a Europa. Como se observa en el mapa que aparece sobre estas líneas, cada punto equivale a uno de los lugares de la frontera de Polonia en los que se rezará el Rosario. Rozaniecdogranic.

jueves, 5 de octubre de 2017

Francisco ha manifestado su rechazo y el de la Iglesia a la autodeterminación e independencia de Cataluña

Contrariamente al pronunciamiento y toma de postura de algunos obispos partidarios a la autodeterminación e independencia de Cataluña -y en algunos casos, también promotores-, Francisco y el Secretario de Estado de la Santa Sede, el Cardenal Pietro Parolin, han confirmado la postura de la Iglesia contra la autodeterminación de Cataluña, defendiendo "la legalidad constituida".

El nuevo embajador de España ante la Santa Sede, D. Gerardo Bugallo, ha mantenido una larga y cordial conversación con Francisco y con el secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, tras la ceremonia de presentación de cartas credenciales del embajador español en el Vaticano, durante el curso de la cual han hablado sobre la situación de Cataluña.

Esta conversación tuvo lugar el pasado lunes 2 de octubre en la biblioteca privada de Francisco, donde, tras la recepción protocolaria, tuvieron una conversación que se prolongó unos veinte minutos. Después de que el embajador español transmitiera los saludos de S. M. el Rey Felipe VI y del Gobierno de España, Bergoglio le reiteró la postura de la Santa Sede, contraria a toda autodeterminación que no esté justificada por un proceso de descolonización, y manifestó el rechazo de la Iglesia a toda actitud que no esté basada en el respeto a la legalidad constituida. Tras este encuentro, el embajador español fue recibido en la Secretaría de Estado por el cardenal Pietro Parolin, con quien también mantuvo una conversación durante media hora, en la que el cardenal se pronunció en el mismo sentido que Francisco. Vida Nueva.

martes, 3 de octubre de 2017

El desvergonzado uso político del Evangelio por parte de los clérigos separatistas que fomentan la rebelión en Cataluña (España)

El desvergonzado uso político del Evangelio y la manipulación del mandato expreso de Nuestro Señor Jesucristo por parte de los separatistas catalanes metidos a clérigos, que fomentan la rebelión en Cataluña (España), ha llegado a unos extremos difícilmente compatibles con la moral católica. No sólo por su xenofobia, contraria a la universalidad de nuestra religión, sino por el constante recurso a la mentira y a la manipulación por parte de estos curas impresentables que anteponen sus ideas políticas al cumplimiento del Decálogo, que, entre otras cosas, prohíbe de forma absoluta dar falso testimonio o mentir.

Me gustaría transcribir lo que, sobre la obediencia a la autoridad y a la Ley -actualmente en España la máxima norma es la Constitución Española-, Nuestro Señor manda explícitamente en el Evangelio:

"Maestro, sabemos que eres veraz y que enseñas el camino de Dios con verdad, sin miedo a nadie, porque no miras a la persona de los hombres. Dinos, pues, lo que piensas: ¿es lícito pagar tributo al César o no?" Mas Jesús, conociendo su malicia, repuso: "Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Mostradme la moneda del tributo". Y le presentaron un denario. Preguntóles: "¿De quién es esta figura y la leyenda?" Le respondieron: "del César". Entonces les dijo: "Dad, pues, al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios". Oyendo esto, quedaron maravillados, y dejándolo se fueron".
Mt 22,16.

Las propias palabras de Nuestro Señor son bien claras, como lo es también lo que, en este sentido, siempre ha transmitido el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con las mismas: Jesús nos enseña a obedecer a las autoridades -que en aquella época y en Tierra Santa eran los emperadores romanos- y pagar los impuestos, porque su poder viene de Dios (ver también Lc 20,25 y Rm 13,1-7).

Por el contrario, estos separatistas catalanes metidos a clérigos no se empachan de repetir, engañando a sus feligreses, que la desobediencia a la Ley y a las autoridades que ellos subjetivamente no consideren como propias -como mucho, tan "poco propias" como los romanos en la Palestina de tiempos de Jesús, no más, y siempre según su ideología separatista-, está permitida y es legítima, siendo, como lo es, totalmente inmoral y contraria a lo mandado por el propio Jesuscristo, Nuestro Señor.
Pues un ejemplo de esta inmoralidad desvergonzada lo hemos visto hoy mismo en televisión, al ser entrevistado en directo el separatista catalán Cinto Busquet Paredes (sobre estas líneas, en una foto tomada durante otro programa), un presunto cura del pueblo de Calella, en la provincia de Barcelona -si es cura, iba disfrazado para no parecerlo-, que esta misma mañana se mostraba encantado con la profanación de una iglesia en una localidad de Tarragona (ver aquí), usada para contar papeletas amañadas de la votación ilegal del pasado domingo, de la que todo el mundo ha visto ya montones de imágenes del fraude, tanto en foto como en vídeo, pues circulan por todo Internet.

Este sujeto fue uno de los minoritarios curas separatistas que firmaron una declaración conjunta contraria a la Ley y a la voluntad de la mayoría de los catalanes (ver aquí), según él porque los separatistas tienen derecho a cometer delitos, como la obstrucción a la justicia -dice que eso son "derechos fundamentales"- y que por eso deben ser respetados. Todo ello, además, escudándose en la Iglesia. Imagínense el argumento que da cuando le preguntan que a qué derechos se refiere:

"Como sacerdote de la Iglesia Católica Romana [por lo visto ya no es "Apostólica"], te tengo que decir que Jesús dijo que el hombre está por encima del sábado, no el sábado encima por el hombre" (sic). Y tras soltar este improcedente fragmento evangélico mal citado, no se le ocurre otra cosa que sostener la legitimidad de cometer delitos porque "Jesús fue ejecutado legalmente" (gracias a Dios, porque sin Su muerte no habría habido Redención). Es decir: para él lo mejor es que los católicos sean ácratas, porque las leyes son malas, así que se pueden incumplir a voluntad, según nos interese. Y a continuación, dice lo siguiente, refiriéndose a la clerigalla separatista, de la que forma parte: "estamos con nuestros obispos", aludiendo a continuación, de forma expresa, al Arzobispado de Barcelona, cuyo titular es Omella. Arzobispado que, durante el día de hoy, ha secundado la falsa "huelga general" independentista, pese a que las huelgas políticas -no las de carácter laboral- son ilegales (ver aquí), para dar así su apoyo al gobierno regional de Cataluña que ha perpetrado un golpe de estado -gobierno regional que en las últimas Elecciones autonómicas ni siquiera obtuvo la mayoría de votos, por lo que tuvo que recurrir al apoyo de radicales de extrema izquierda, anarquistas y antisistema para poder (des)gobernar-.

Pero no es Omella el peor entre los obispos españoles, ni mucho menos: Novell (en la imagen que abre esta entrada) dio un espectáculo lamentable al promocionar, y colaborar con, la comisión de varios delitos -entre ellos el de sedición, primero, y el de rebelión más tarde- (ver aquí y aquí).
Y también tenemos a un tal "Jaume Pujol" (en realidad, fue bautizado como "Jaime Pujol"), que en Twitter se autodenomina como "arzobispo, presidente" de una inexistente "conferencia episcopal tarraconense" -jamás ha existido, hasta la actualidad, tal cosa-, por lo cual está engañando a la gente públicamente al presentarse como tal (ver aquí).

Para calificar a estos impresentables (sobre cuyo futuro inmediato la Santa Sede debería tomar medidas urgentes -que dudo que tome-, como mínimo por ir contra el bien común y promocionar la rebelión), contamos con varios Arzobispos y Obispos católicos, comenzando por el Primado de España, del que ya di cuenta (ver aquí); el Arzobispo de Oviedo, que ha recordado que "defender la secesión con mentiras, insidias, corrupción y violencia es inmoral y es pecado" (ver aquí); o el Obispo de San Sebastián, que ha dicho que "el callejón en el que se encuentra Cataluña no sólo es ilegal sino profundamente inmoral" (ver aquí).

Finalmente, y sobre todo a los lectores de otros países que no conocen y/o comprenden la situación actual de España, aparte del Agit-prop fomentado y difundido por el gobierno regional de Cataluña (con dinero de todos los españoles, dicho sea de paso, lo cual constituye el delito -otro más- de malversación de fondos) y la posición de la Iglesia al respecto, recomiendo el siguiente artículo del P. José María Iraburu, un poco largo, pero que merece la pena leer: La Iglesia y la unidad nacional de España.