jueves, 5 de mayo de 2016

Hoy es uno de los jueves que relucen más que el sol: solemnidad de la Ascensión del Señor


ET CVM HAEC DIXISSET VIDENTIBVS ILLIS ELEVATVS EST ET NVBES SVSCEPIT EVM AB OCVLIS EORVM CVMQVE INTVERENTVR IN CAELVM EVNTE ILLVM ECCE DVO VIRI ADSTITERVNT IVXTA ILLOS IN VESTIBVS ALBIS QVI ET DIXERVNT VIRI GALILAEI QVID STATIS ASPICIENTES IN CAELVM HIC IESVS QVI ASSVMPVUS EST A VOBIS IN CAELVM SIC VENIET QVEMADMODVM VIDISTIS EVM EVNTEM IN CAELVM [ACT I IX XI]

ALLELVIA ALLELVIA PS. XLVI ASCENDIT DEVS IN IVBILATIONE ET DOMINVS IN VOCE TVBAE ALLELVIA PS. LXVII DOMINVS IN SINA IN SANCTO ASCENDENS IN ALTVM CAPTIVAM DVXIT CAPTIVITATEM ALLELVIA


Dicho esto, a la vista de ellos, se elevó, y una nube se lo quitó de los ojos. Y miraban fijos al cielo viéndolo irse; y se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: "Hombres de Galilea, ¿qué hacéis ahí plantados, mirando al cielo? Este Jesús, que ha ascendido de aquí al cielo, vendrá, así, como lo habéis visto marcharse al cielo". (Hch 1, 9:11)

Aleluya, aleluya. Dios asciende entre aclamaciones, el Señor a son de trompeta. Aleluya (Sal. 46. 6). Dios marcha del Sinaí al santuario, sube a la cumbre llevando cautivos. Aleluya (Sal. 67,18-19).

miércoles, 4 de mayo de 2016

El Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino, y el Abad de Le Barroux asisten a la solemne Santa Misa Tridentina abacial de Réquiem oficiada por el Abad de Lagrasse

Estas imágenes pertenecen a la solemne Santa Misa Tridentina abacial de Réquiem, corpore insepulto, oficiada el pasado sábado 16 de abril, a las 10:00 horas, por el Padre Abad Dom Emmanuel Marie de Saint-Jean, en la iglesia de la Abadía de Santa María de Lagrasse (Francia), por el alma de un joven canónigo de dicha abadía fallecido el pasado domingo 10 de abril, II Domingo de Pascua, a los 39 años de edad, en el 12º año de su vida religiosa, a consecuencia de esclerosis múltiple: el hermano Vicente María de la Resurrección (en el siglo, D. Benedicto Carbonell). A la misma asistió en coro S. E. R. el Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, así como Dom Louis-Marie de Geyer d’Orth, Padre Abad de la abadía benedictina de Santa María Magdalena de Le Barroux. Después del Santo Sacrificio, el Cardenal Sarah procedió a bendecir, asperjar y dar la absolución sobre el féretro, tras lo cual una procesión con los restos mortales del hermano Vicente partió hacia el cementerio de la abadía, donde recibió sagrada sepultura. Posteriormente, se ofreció una recepción. El Padre Abad y los Canónigos Regulares de la Madre de Dios, la comunidad de Santa María de Lagrasse, ruegan una oración por el eterno descanso de su alma. Abadía de Santa María de Lagrasse.

lunes, 2 de mayo de 2016

S. E. Mons. Athanasius Schneider vuelve a pronunciarse: en esta ocasión, sobre la Exhortación Apostólica "Amoris laetitia", del Papa Francisco (texto completo traducido al español)

Una vez más, S. E. Mons. Athanasius Schneider, obispo titular de Celerina y auxiliar de Santa María de Astaná (Kazajistán), ha vuelto a pronunciarse, como en las dos recientes ocasiones anteriores (ver aquí y aquí), con la claridad que le caracteriza. En esta ocasión, a propósito de la Exhortación Apostólica post-sinodal «Amoris Laetitia», del Papa Francisco, de la que hace una semana hizo pública su reflexión al respecto, que a continuación transcribo en español:

La paradoja de las interpretaciones contradictorias de "Amoris Laetitia"

La exhortación apostólica "Amoris Laetitia" (AL) publicada recientemente, contiene una gran riqueza espiritual y pastoral para la vida en el matrimonio y en la familia cristiana de nuestra época, pero por desgracia en poco tiempo ha provocado interpretaciones contradictorias incluso en el ambiente del episcopado.

Hay obispos y sacerdotes que han declarado pública y abiertamente que AL ha proporcionado una apertura evidente a la comunión para los divorciados vueltos a casar sin preguntarse si viven en una continencia. En este aspecto de la práctica sacramental, que según ellos ha cambiado ahora significativamente, sería de un carácter verdaderamente revolucionario. Interpretando AL en referencia a las uniones irregulares, un presidente de una Conferencia Episcopal ha declarado en un texto publicado en el sitio web de la misma Conferencia: "Se trata de una medida de misericordia, de una apertura del corazón, razón y espíritu para la cual no es necesaria ninguna ley, ni tampoco necesita esperar ninguna directiva o indicación. Se puede y se debe ponerla en práctica inmediatamente".

Tal aviso ha sido confirmado anteriormente en las recientes declaraciones del padre Antonio Spadaro S.J., que después del Sínodo de Obispos de 2015 había escrito que el sínodo había puesto "fundamentos" para el acceso a la comunión de los divorciados vueltos a casar, "abriendo una puerta", todavía cerrada en el sínodo precedente de 2014. Ahora, dice el padre Spadaro en su comentario sobre AL, que su predicción ha sido confirmada. Se dice que el mismo padre Spadaro habría sido parte del grupo de redacción de AL.

El camino para la interpretación abusiva parece haber sido indicado por el cardenal Christoph Schönborn el cual, durante la presentación oficial de AL en Roma, había dicho a propósito de las uniones irregulares: "La gran alegría que me da este documento reside en el hecho que eso supera en un modo coherente la división ideada que distingue entre 'regular' e 'irregular'". Tal afirmación sugería la idea de que no hay ninguna diferencia clara entre un matrimonio válido y sacramental; y una unión irregular, entre pecado venial y mortal.

Por otra parte, hay obispos que han afirmado que AL debe ser leída a la luz del magisterio perenne de la Iglesia y que AL no autoriza la comunión a los divorciados vueltos a casar, ni en casos excepcionales. En principio, tal afirmación es correcta y deseable. De hecho, todo texto del magisterio debe ser en regla general coherente en su contenido con el magisterio precedente, sin ninguna ruptura.

No es ningún secreto que en diversos lugares las personas divorciadas y vueltas a casar son admitidas a la santa comunión, sin que vivan en continencia. Algunas afirmaciones de AL pueden ser realmente usadas para legitimar un abuso ya practicado desde hace cierto tiempo en varios lugares de la vida de la Iglesia.

Algunas afirmaciones de AL son objeto de interpretaciones equívocas

El santo padre Francisco nos ha invitado a todos a ofrecer nuestra propia contribución con la reflexión y con el diálogo sobre las delicadas cuestiones concernientes al matrimonio y la familia: "La reflexión de los pastores y teólogos, si es fiel a la Iglesia, honesta, realista y creativa, nos ayudará a encontrar mayor claridad" (AL, 2).

Analizando con honesta intelectualidad algunas afirmaciones de AL, vistas en su contexto, consta de una dificultad para interpretarla según la doctrina tradicional de la Iglesia. Este hecho se explica por la ausencia de afirmaciones concretas y explícitas de la doctrina y de la práctica constante de la Iglesia, basada en la Palabra de Dios y reiterada por el papa Juan Pablo II que dice: "La Iglesia, no obstante, fundándose en la Sagrada Escritura reafirma su praxis de no admitir a la comunión eucarística a los divorciados que se casan otra vez. Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situación de vida contradicen objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía. Hay además otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucaristía, los fieles serían inducidos a error y confusión acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio. La reconciliación en el sacramento de la penitencia —que les abriría el camino al sacramento eucarístico— puede darse únicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, están sinceramente dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto lleva consigo concretamente que cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la obligación de la separación, «asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea, de abstenerse de los actos propios de los esposos»" (Familiaris Consortio, 84).

El papa Francisco no ha establecido "una nueva normativa general de tipo canónico, aplicable a todos los casos" (AL, no 300). Pero en la nota 336, declara: "Tampoco en lo referente a la disciplina sacramental, puesto que el discernimiento puede reconocer que en una situación particular no hay culpa grave". Refiriéndose evidentemente a los divorciados vueltos a casar el Papa afirma en AL, en el número 305: "A causa de los condicionamientos o factores atenuantes, es posible que, en medio de una situación objetiva de pecado —que no sea subjetivamente culpable o que no lo sea de modo pleno— se pueda vivir en gracia de Dios, se pueda amar, y también se pueda crecer en la vida de la gracia y la caridad, recibiendo para ello la ayuda de la Iglesia". En la nota 351 el Papa aclara la propia afirmación diciendo que: "En ciertos casos, podría ser también la ayuda de los sacramentos".

En el mismo capítulo VIII de AL, en el punto 298, el Papa habla de "los divorciados en nueva unión [...] con nuevos hijos, con probada fidelidad, entrega generosa, compromiso cristiano, conocimiento de la irregularidad de su situación y gran dificultad para volver atrás sin sentir en conciencia que se cae en nuevas culpas. La Iglesia reconoce situaciones en las que «cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, —como, por ejemplo, la educación de los hijos— no pueden cumplir la obligación de la separación»". En la nota 329 el Papa cita el documento Gaudium et Spes en un modo, por desgracia, que no es el correcto; porque el Concilio en este caso se refería al matrimonio cristiano válido. La aplicación de esta afirmación, puede causar a los divorciados la impresión de que el matrimonio válido venga asimilado, no en teoría, pero sí en la práctica, a una unión de divorciados.

La admisión de los divorciados vueltos a casar a la santa comunión y sus consecuencias

AL está, sobre todo, falta de citaciones verbales de los principios de la doctrina moral de la Iglesia en la forma en la cual son enunciados el número 84 de la exhortación apostólica Familiaris Consortio y en la encíclica Veritatis Splendor del papa Juan Pablo II, en particular sobre los siguientes temas de una gran importancia: "La opción fundamental" (Veritatis Splendor nos 67-68), "pecado mortal y pecado venial" (ibid., no 69-70), "proporcionalismo, consecuencialismo" (ibid., no 75), "el matrimonio y las normas morales universales e inmutables" (ibid., nos 91ss). Una referencia verbal de Familiaris Consortio no 84 y determinadas reivindicaciones sobresalientes de Veritatis Splendor hacen a AL inatacable de parte de interpretaciones heterodoxas. Pero las alusiones genéricas sobre los principios morales y la doctrina de la Iglesia son ciertamente insuficientes en una materia controversial que es de delicada y de capital importancia.

Algunos representantes del clero y también del episcopado han afirmado ya que según el espíritu del capítulo VIII de AL no se excluye, que en algunos casos excepcionales los divorciados vueltos a casar puedan ser admitidos a la santa comunión sin que estén obligados a vivir en una perfecta continencia.

Admitiendo una parecida interpretación de la carta y del espíritu de AL, se debería aceptar, con honestidad intelectual y en base al principio de no-contradicción, la siguiente conclusión lógica:

El sexto mandamiento divino que prohíbe todo acto sexual fuera del matrimonio válido, ya no sería universalmente válido si se permitieran excepciones. En nuestro caso: los divorciados podrían practicar el acto sexual y también se les anima a perseverar en la "fidelidad" mutua, cfr. AL. 298. Podría por lo tanto darse una "fidelidad", en un estilo de vida directamente contrario a la voluntad expresa de Dios. Fomentar y legitimar actos que son en sí contrarios a la voluntad de Dios, contradicen la revelación divina.

La palabra divina de Cristo: "Que el hombre no separe los que Dios ha unido" (Mt 19, 6) no sería válida siempre y para todos los cónyuges sin excepción.

Sería posible en un caso particular recibir el sacramento de la penitencia y la santa comunión con la intención de continuar violando directamente los mandamientos divinos: "No cometerás adulterio" (Éxodo 20, 14) y "Que el hombre no separe lo que Dios ha unido" (Mt 19,6; Gen 2, 24).

La observancia de este mandamiento y de la Palabra de Dios se haría en estos casos solo en teoría y no en la práctica, induciendo así a que los divorciados vueltos a casar "se engañasen a sí mismos" (Santiago 1, 22). Se podría tener perfectamente la fe en el carácter divino del sexto mandamiento y de la indisolubilidad del matrimonio pero sin las acciones correspondientes.

La palabra divina de Cristo: "El que se separa de su esposa y se casa con otra mujer, comete adulterio contra su esposa; y si la esposa abandona a su marido para casarse con otro hombre, también ésta comete adulterio" (Mc 10, 12) no tendría más validez universal pero admitiría excepciones.

La violación permanente, consciente y libre del sexto mandamiento de Dios y de la sacralidad e indisolubilidad del propio matrimonio válido (en el caso de los divorciados vueltos a casar) no sería más un pecado grave, pero sí que sería una oposición directa a la voluntad de Dios.

Puede haber casos de violación grave, permanente, consciente y libre de los otros mandamientos de Dios (por ejemplo en el caso de un estilo de vida de corrupción financiera), en los cuales podría ser concedido a una determinada persona, a causa de una circunstancia atenuante, el acceso a los sacramentos sin exigir una sincera resolución de evitar, en adelante, los actos de pecado o de escándalo.

La perenne e inefable enseñanza de la Iglesia no sería más universalmente válida, especialmente la enseñanza confirmada por el papa Juan Pablo II en Familiaris Consortio, nº 84, y el papa Benedicto XVI en Sacramentum Caritatis, nº 29, según el cual la condición de los divorciados para recibir los sacramentos sería la continencia perfecta.

La observancia del sexto mandamiento de Dios y de la indisolubilidad del matrimonio sería un ideal no realizable por parte de todos, sino que solo lo sería por una élite.

Las palabras intransigentes de Cristo que advierten a los hombres a guardar los mandamientos de Dios siempre y en toda circunstancia, incluso aceptando el sufrimiento considerable para este propósito, o aceptando la cruz, no sería más válida en su verdad: "si tu mano derecha te lleva al pecado, córtala y aléjala de ti; porque es mejor que pierdas una parte de tu cuerpo y no que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno" (Mt 5, 30).

Admitir las parejas en "unión irregular" a la santa comunión, permitiéndoles practicar los actos reservados a los cónyuges del matrimonio válido, equivaldría a la usurpación de un poder, pero que no es competente a ninguna autoridad humana, porque se trataría de una reclamación para corregir la misma palabra de Dios.

Peligros de la colaboración de la Iglesia en la difusión de la "plaga del divorcio"

Profesando la doctrina de siempre de Nuestro Señor Jesucristo, la Iglesia nos enseña: "Fiel al Señor, la Iglesia no puede reconocer como matrimonio la unión de divorciados vueltos a casar civilmente. «Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquella; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio» (Mc 10, 11-12). Hacia ellos la Iglesia muestra una atenta solicitud, invitándoles a una vida de fe, a la oración, a las obras de caridad y a la educación cristiana de los hijos; pero no pueden recibir la absolución sacramental, acercarse a la comunión eucarística ni ejercer ciertas responsabilidades eclesiales, mientras dure tal situación, que contrasta objetivamente con la ley de Dios" (Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, nº 349).

Vivir en unión matrimonial no válida contradiciendo el mandamiento de Dios y la sacralidad e indisolubilidad del matrimonio, no significa vivir en la verdad. Declarar que la práctica deliberada, libre y habitual de los actos sexuales en una unión matrimonial no válida en algunos casos concretos no sería un pecado grave, no es la verdad, es una mentira grave, y por lo tanto nunca traerá la verdadera alegría del amor. Permitir, por lo tanto, a estas personas recibir la santa comunión significa simulación, hipocresía y mentira. Sigue siendo válida, de hecho, la Palabra de Dios en la Sagrada Escritura: "Quien dice 'yo lo he conocido', y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él" (1 Jn, 2, 4).

El Magisterio de la Iglesia nos enseña la validez universal de los diez mandamientos de Dios: "Los diez mandamientos, por expresar los deberes fundamentales del hombre hacia Dios y hacia su prójimo, revelan en su contenido primordial obligaciones graves. Son básicamente inmutables y su obligación vale siempre y en todas partes. Nadie podría dispensar de ellos. Los diez mandamientos están grabados por Dios en el corazón del ser humano" (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2072). Los que han afirmado que los mandamientos de Dios y en particular el mandamiento "No cometerás adulterio" podrían tener excepciones, y en algunos casos la inhabilitación de la culpa del divorcio, son los fariseos y los cristianos agnósticos del segundo y tercer siglo.

Las siguientes afirmaciones del magisterio son todavía válidas porque son parte del magisterio infalible en la forma del magisterio universal y ordinario: "los preceptos negativos de la ley natural son universalmente válidos: obligan a todos y cada uno, siempre y en toda circunstancia. En efecto, se trata de prohibiciones que vetan una determinada acción «semper et pro semper», sin excepciones [...] se dan comportamientos que nunca y en ninguna situación pueden ser una respuesta adecuada [...] La Iglesia ha enseñado siempre que nunca se deben escoger comportamientos prohibidos por los mandamientos morales, expresados de manera negativa en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. Como se ha visto, Jesús mismo afirma la inderogabilidad de estas prohibiciones: «Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos...: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás testimonio falso» (Mt 19, 17-18)" (Juan Pablo II, Encíclica Veritatis Splendor, 52).

El magisterio de la Iglesia nos enseña todavía más claramente: La conciencia buena y pura es iluminada por la fe verdadera. Porque la caridad procede al mismo tiempo "de un corazón limpio, de una conciencia recta y de una fe sincera" (1 Tm 1, 5): [3, 9; 2 Tm 1, 3; 1 P 3, 21; Hch 24, 16] (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 1794).

En el caso de que un persona cometa actos morales objetivamente graves de plena consciencia, sana de mente, con libre decisión, con el objetivo de repetir estos actos en un futuro, es imposible aplicar el principio de la no-imputabilidad a esta pareja de divorciados vueltos a casar ya que representaría una hipocresía y un sofisma gnóstico. Si la Iglesia admite estas personas, aunque solo en un caso, a la santa comunión, esa contradeciría a los que profesan la doctrina, ofreciendo esas mismas parejas un testimonio contrario públicamente contra la indisolubilidad del matrimonio, contribuyendo así al crecimiento de la "plaga del divorcio" (Concilio Vaticano II, Gaudium et Spes, 47).

Al fin de evitar una tan intolerante y escandalosa contradicción, la Iglesia, interpretando infaliblemente la verdad divina de la ley moral y de la indisolubilidad del matrimonio, ha observado inmutablemente por dos mil años la práctica de admitir a la santa comunión solo a aquellos divorciados que viven en perfecta continencia y "remoto escándalo", sin alguna excepción o privilegio particular.

La primera tarea pastoral que el Señor confirió a su Iglesia fue la enseñanza de la doctrina (ver Mt, 28, 20). La observancia de los mandamientos de Dios está intrínsecamente asociada a la doctrina. Por esta razón la Iglesia siempre ha rechazado la contradicciones entre la doctrina y la vida, calificando una parecida contradicción como gnóstica o como la teoría luterana herética del "simul iustus et peccator". Tras la fe y la vida de la Iglesia no debe existir ninguna contradicción.

Cuando se trata de la observancia del mandamiento expreso de Dios y de la indisolubilidad del matrimonio, no se puede hablar de interpretaciones teológicas opuestas. Si Dios ha dicho: "No cometerás adulterio", ninguna autoridad humana puede decir: "En este caso excepcional o por un fin bueno puedes cometer adulterio".

La siguiente afirmación del papa Francisco es muy importante, donde el Sumo Pontífice habla a propósito de la integración de los divorciados vueltos a casar en la vida de la Iglesia: "Este discernimiento no podrá jamás prescindir de las exigencias de verdad y de caridad del Evangelio propuesto por la Iglesia … Deben garantizarse las condiciones necesarias de humildad, reserva, amor a la Iglesia y a su enseñanza... se evita el riesgo de que un determinado discernimiento lleve a pensar que la Iglesia sostiene una doble moral" (AL, 300). Esta afirmación loable de AL permanece todavía sin ninguna especificación concreta respecto a la cuestión de la obligación de los divorciados vueltos a casar de separarse o al menos de vivir en perfecta continencia.

Cuando se trata de la vida o de la muerte del cuerpo, ningún médico dejaría el caso en la ambigüedad. El médico no puede decirle al paciente: "Debo decidir entre la aplicación de la medicina según la conciencia o respetando las leyes de la medicina". Un comportamiento parecido de parte de un médico es sin duda considerado irresponsable. Y todavía la vida del alma inmortal es más importante, porque de la salud del alma depende su destino para toda la eternidad.

La verdad libertadora de la penitencia y del misterio de la Cruz

Afirmar que los divorciados vueltos a casar no son pecadores públicos significa simular falsamente. Además, ser pecadores es la verdadera condición de todos los miembros de la Iglesia militante en la tierra. Si los divorciados vueltos a casar dicen que sus actos voluntarios y deliberados contra el sexto mandamiento de Dios no son en absoluto pecado o pecado grave, son unos mentirosos y la verdad no está en ellos, como dice san Juan: "Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros". Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos y purificarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, lo hacemos pasar por mentiroso, y su palabra no está en nosotros.

La aceptación de parte de los divorciados vueltos a casar de la verdad que son pecadores e incluso pecadores públicos no resta valor a su esperanza cristiana. Solamente la aceptación de la realidad y de la verdad los hace capaces de interprender el camino de una fructuosa penitencia según la palabra de Jesucristo.

Sería muy saludable para restaurar el espíritu de los primero cristianos y del tiempo de los Padres de la Iglesia, cuanto existía una viva solidaridad de los fieles con los pecadores públicos, y todavía una solidaridad según la verdad. Una solidaridad que no tenía nada de discriminatorio; al contrario, era la participación de toda la Iglesia en el camino penitencial de los pecadores públicos por medio de la oración de intercesión, de las lágrimas, de los actos de expiación y de caridad en su favor.

La exhortación apostólica Familiaris Consortio enseña: "los fieles para que ayuden a los divorciados, procurando con solícita caridad que no se consideren separados de la Iglesia, pudiendo y aun debiendo, en cuanto bautizados, participar en su vida. Se les exhorte a escuchar la Palabra de Dios, a frecuentar el sacrificio de la misa, a perseverar en la oración, a incrementar las obras de caridad y las iniciativas de la comunidad en favor de la justicia, a educar a los hijos en la fe cristiana, a cultivar el espíritu y las obras de penitencia para implorar de este modo, día a día, la gracia de Dios. La Iglesia rece por ellos, los anime, se presente como madre misericordiosa y así los sostenga en la fe y en la esperanza" (nº 84).

Durante el primer siglo, los pecadores públicos eran integrantes de la comunidad orante de los fieles y tenían que implorar de rodillas y con los brazos alzados la intercesión de sus hermanos. Tertuliano nos da un testimonio conmovedor: "Un cuerpo no puede alegrarse mientras que uno de sus miembros sufre. Es necesario que todo entero llore y trabaje para su curación. Cuando tiendes la mano a las rodillas de tus hermanos, es Cristo al que tocas, es Cristo al que imploras. Igualmente, cuando viertan lágrimas por ti, es Cristo quien compadece" (De paenitentia, 10, 5-6). Del mismo modo habla san Ambrosio de Milán: "La Iglesia entera ha tomado sobre sí la carga del pecador público, sufriendo con él por medio de las lágrimas, oraciones y dolores" (De paenitentia, 1, 81).

Es verdad que las formas de la disciplina penitencial de la Iglesia han cambiado, pero el espíritu de esta disciplina debe estar en la Iglesia de todos los tiempos. Hoy, algunos sacerdotes y obispos, basándose en algunas afirmaciones de AL, comienzan a hacer entender a los divorciados vueltos a casar que su condición no equivale al estado objetivo de pecador público. Así les tranquilizan declarándoles que sus actos sexuales no son constituidos pecado grave. Una parecida actitud no corresponde a la verdad. Les privan a los divorciados vueltos a casar de la posibilidad de una conversión radical a la obediencia de la voluntad de Dios, dejando a esas almas en el engaño. Una tal actitud pastoral es muy difícil, y no cuesta nada. No cuesta lágrimas, oraciones y obras de intercesión y de expiación fraterna a favor de los divorciados vueltos a casar.

Al admitir, aunque solo en caso excepcionales, a los divorciados vueltos a casar a la santa comunión sin preguntarles acerca de cesar de practicar los actos contrarios al sexto mandamiento de Dios, declarando además presuntuosamente que sus actos no son pecado, se elige el camino fácil, se evita el escándalo de la cruz. Una parecida pastoral de divorciados vueltos a casar es una pastoral enferma y engañosa. A todos aquellos que propagando un parecido camino fácil a los divorciados vueltos a casar Jesús les dirige todavía hoy estas palabras: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres" ahora dice Jesús a sus discípulos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga" (Mt 16, 23-25).

Acerca de la pastoral de divorciados vueltos casar, hoy se olvida reavivar el espíritu de seguir a Cristo en la verdad de la cruz y de la penitencia, que lleva a una alegría permanente, evitando las alegrías efímeras que pueden conducir a errores. La siguiente palabra del papa san Gregorio Magno es actual y luminosa: "No podemos habituarnos demasiado a nuestro exilio terrestre, la comodidad de esta vida no puede hacernos olvidar nuestra verdadera patria para que el espíritu no se quede dormido en medio de la comodidad. Por este motivo, Dios une a sus dones regalos y castigos, para que todo lo que nos encanta en este mundo, se convierta en amargo y se encienda en el alma aquel fuego que nos lleva siempre al deseo de las cosas celestiales y nos hace progresar. Ese fuego nos duele agradablemente, nos crucifica suavemente y nos entristece alegremente" (En Hez, 2, 4, 3).

Es el espíritu de la auténtica disciplina penitencial de la Iglesia del primer siglo y que perdura en la Iglesia de todos los tiempos hasta hoy. Tenemos el ejemplo conmovedor de la beata Laura del Carmen Vicuña, nacida en Chile en 1981. Sor Azocar, que había curado a Laura, contó: "Me acuerdo que cuando había explicado por primera vez el sacramento del matrimonio, Laura se me acercó, diciendo que si había entendido bien mis palabras, su madre estaba en pecado mortal mientras que estaba con aquel señor. En aquella época, en Junín, una sola familia vivía de acuerdo a la voluntad de Dios". Ahora, Laura multiplicaba las oraciones y las penitencias por su madre. El 2 de junio de 1901 hizo su primera comunión, con gran fervor; escribió estas siguientes notas: "1.- Quiero, o Jesús mío, amarte y servirte para toda la vida; por esto te ofrezco toda mi alma, mi corazón, y todo mi ser entero. 2.- Prefiero morir con sufrimiento, que ofenderte con el pecado; por eso quiero alejarme de todo lo que me puede alejar de ti. 3.- Prometo hacer todo lo posible para que Tú seas siempre más conocido y amado, y al fin reparar las ofensas que todos los días te infligen los hombres que no te aman, especialmente de aquellas personas que están más cerca de mí. -¡Oh Dios mío, concédeme una vida de amor, de mortificación y de sacrificio!" Pero su gran alegría fue eclipsada al ver que su madre, presente en la ceremonia, no recibió la comunión. En el 1902, Laura ofrece su vida por su propia madre que vive con un hombre en unión irregular en Argentina. Laura multiplica las oraciones y las privaciones para obtener la conversión de su madre. Porque horas antes de morir la llama a donde ella. Sabiendo que era el momento supremo, exclama: "Madre, estoy por morir. Se lo he pedido yo a Jesús, y yo he ofrecido mi vida para la gracia de tu retorno. Madre, ¿tendré la alegría ver tu arrepentimiento antes de morir?" Trastornada, su madre le promete: "Mañana a la mañana iré a la iglesia y me confesaré". Laura pide al sacerdote que se acerque y le dice: "Padre, mi madre en este momento promete abandonar aquel hombre; ¡eres testigo de esta promesa!" Y el añade: "¡Reza muy contenta!". Con estas palabras expiró, el 22 de enero de 1904, en Junín de los Andes (Argentina), con 13 años, en los brazos de su madre que volvió a la fe poniendo fin a la unión irregular en la cual vivía.

El ejemplo admirable de la vida de la joven beata Laura es una demostración de cuánto un verdadero católico debe considerar seriamente el sexto mandamiento de Dios y la sacralidad e indisolubilidad del matrimonio. Nuestro Señor Jesucristo nos recomienda evitar incluso la apariencia de una aprobación de una unión irregular o de adulterio. Este mandamiento divino la Iglesia lo ha conservado fielmente y transmitido sin ambigüedad en la doctrina y en la práctica. Ofreciendo su joven vida la beata Laura no interpretó una de las diversas interpretaciones doctrinales o pastorales, sino una verdad divina inmutable y universalmente válida. Una verdad demostrada con la oferta de la vida por parte de un gran número de santos, de san Juan Bautista hasta los simples fieles de nuestros días, cuyos nombres solo Dios conoce.

Necesidad de una "veritatis laetitia"

AL contiene seguro y por fortuna afirmaciones teológicas e indicaciones espirituales y pastorales de gran valor. Todavía, es realmente insuficiente afirmar que AL debería ser interpretada según la doctrina y la práctica tradicional de la Iglesia. Cuando en un documento eclesiástico, que en nuestro caso es desprovisto de carácter definitivo e inefable, encontramos elementos de interpretación y aplicación que podrían tener consecuencias espirituales peligrosas, todos los miembros de la Iglesia, en primer lugar los obispos, que son los colaboradores fraternos del Soberano Pontífice en la colegialidad efectiva, tienen el deber de señalar respetuosamente este hecho y de darles una interpretación auténtica.

Cuando se trata de la fe divina, los mandamientos divinos y de la sacralidad e indisolubilidad del matrimonio, todos los miembros de la Iglesia, desde los simples fieles hasta los más altos representantes del magisterio deben hacer un esfuerzo común para conservar intacto el tesoro de la fe y su aplicación práctica. El Concilio Vaticano II de hecho ha enseñado: "La sagrada tradición, pues, y la Sagrada Escritura constituyen un solo depósito sagrado de la palabra de Dios, confiado a la Iglesia; fiel a este depósito todo el pueblo santo, unido con sus pastores en la doctrina de los Apóstoles y en la comunión, persevera constantemente en la fracción del pan y en la oración (cf. Act., 8,42), de suerte que prelados y fieles colaboran estrechamente en la conservación, en el ejercicio y en la profesión de la fe recibida. Pero el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al magisterio vivo de la Iglesia, cuya autoridad se ejerce en el nombre de Jesucristo. Este magisterio, evidentemente, no está sobre la palabra de Dios, sino que la sirve, enseñando solamente lo que le ha sido confiado, por mandato divino y con la asistencia del Espíritu Santo la oye con piedad, la guarda con exactitud y la expone con fidelidad, y de este único depósito de la fe saca todo lo que propone como verdad revelada por Dios que se ha de creer. Es evidente, por tanto, que la sagrada tradición, la Sagrada Escritura y el magisterio de la Iglesia, según el designio sapientísimo de Dios, están entrelazados y unidos de tal forma que no tienen consistencia el uno sin el otro, y que, juntos, cada uno a su modo, bajo la acción del Espíritu Santo, contribuyen eficazmente a la salvación de las almas" (Concilio Vaticano II, Dei Verbum, 10).

Fue el propio Concilio Vaticano II el que fomentó a todos los fieles y sobre todo a los obispos a manifestar sin temor algunos sus preocupaciones y observancias en vista del bien de toda la Iglesia. El famoso obispos y teólogo del Concilio de Trento, Melchor Cano, O.P., pronunció esta memorable frase: "Pedro no se ha olvidado de nuestras mentiras y adulaciones. Aquellos que defienden ciegamente e indiscriminadamente todas las decisiones del Sumo Pontífice, son los que mayormente comprometen la autoridad de la Santa Sede. Se deberían destruir los cimientos en vez de consolidarlos".

Nuestro Señor nos ha enseñado sin ambigüedad explicando en qué consiste el verdadero amor y la verdadera alegría del amor: "El que guarda mis mandamientos después de recibirlos, ése es el que me ama" (Jn 14, 21). Dando a los hombres el sexto mandamiento y la observancia de la indisolubilidad del matrimonio, Dios se lo ha dado a todos sin excepción alguna y no solo a una élite. Ya en el Antiguo Testamento Dios declaró: "Este mandamiento que yo te doy no es superior a tus fuerzas ni está fuera de tu alcance" (Deuteronomio 30, 11) y "Si tú quieres, puedes observar los mandamientos; está en tus manos el ser fiel" (Sirácide 15, 15). Y Jesús dice a todos: "
«¿qué es lo bueno que debo hacer para conseguir la vida eterna?» 17 Jesús contestó: «¿Por qué me preguntas sobre lo que es bueno? Uno solo es el Bueno. Pero si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos». 18 El joven dijo: «¿Cuáles?» Jesús respondió: No matar, no cometer adulterio, no hurtar, no levantar falso testimonio"... (Mt 19, 17-18). La enseñanza de los apóstoles nos ha transmitido la misma doctrina: "Amar a Dios es guardar sus mandatos, y sus mandatos no son una carga" (1 Jn 5, 3).

No hay una vida real, sobrenatural y eterna, sin observancia de los mandamientos de Dios: "Observa sus preceptos y sus mandamientos. He puesto delante de ti la vida y la muerte. ¡Elige la vida!" (Deuteronomio 30, 16-19). Ninguna vida es verdaderamente una vida y una verdadera alegría del amor sin la verdad. "El amor consiste en vivir según sus mandamientos" (2 Jn 6). La alegría del amor consiste en la alegría de la verdad. La vida auténticamente cristiana consiste en la vida y en la alegría de la verdad: "Nada me causa mayor alegría que el saber que mis hijos viven en la verdad" (3 Jn 4).

San Agustín nos explica la intima relación entre la alegría y la verdad: "Si les pregunto a todos si quieren más gozar de esta alegría que proviene de la verdad, que de otra que provenga de la mentira, responderían todos qué más quieren que la alegría que nace de la verdad, y que desean ser felices y bienaventurados, porque la vida bienaventurada es alegría y gozo que nace de la verdad, que es lo mismo que decir, alegría que nace de Vos, que sois la verdad suma, mi luz, mi Dios, vida y salud de mi alma. Todos, pues, quieren esta vida bienaventurada; esta vida, digo, que únicamente es la bienaventurada, todos la quieren: todos, vuelvo a decir, quieren y desean el gozo y alegría de la verdad, pues aunque he tratado a muchos que quisieran engañar a otros, a ninguno he visto que deseara ser engañado" (Confesiones, X, 23).

El tiempo de confusión general por cuanto aguarda la indisolubilidad del matrimonio

Desde hace tiempo, en la vida de la Iglesia, se constata de algunos lugares, un gran abuso en la admisión de los divorciados vueltos a casar a la santa comunión, sin pedirles que vivan en una perfecta continencia. Las afirmaciones poco claras del capítulo VIII de AL han dado un nuevo dinamismo a los propagadores declaradores de la admisión, de los divorciados vueltos a casar a la santa comunión.

Podemos ahora constatar que el abuso ha empezado a difundirse mayoritariamente en la práctica sentenciosa en cualquier modo legítimo. También existe la confusión por cuanto resguarda las interpretaciones reportadas de las afirmaciones importantes en el capítulo VIII de AL. La confusión alcanza su ápice porque todos, sean los que están a favor de la admisión de los divorciados vueltos a casar a la comunión, sean sus opositores, sostienen que: "La doctrina de la Iglesia en esta materia no ha sido modificada".

Teniendo debida cuenta de las diferencias históricas y doctrinales, nuestra situación muestra algunas similitudes y analogías con la situación de confusión general de la crisis arriana del siglo IV. En aquella época, la fe apostólica tradicional en la verdadera divinidad del Hijo de Dios fue garantizada mediante términos "consustanciales" ("homoousios"), dogmáticamente proclamada por el magisterio universal del concilio de Nicea I. La profunda crisis de la fe, con una confusión casi universal, fue causada principalmente por refutar o evitar utilizar y profesar la palabra "consustancial" ("homoousios"). En vez de utilizar esta expresión, se decide entre el clero y sobre todo entre el episcopado utilizar una fórmula alternativa que era más ambigua e imprecisa como por ejemplo "igual en la sustancia" ("homoiousios") o simplemente "igual" ("homoios"). La fórmula ”homoousios” del magisterio universal de aquel tiempo experimentaba la divinidad plena y verdadera del VERBO en modo tan claro que no dejaba lugar a interpretaciones equívocas.

En los años 357-360 casi el episcopado se convirtió en arriano o semi-arriano a causa del siguiente acontecimiento: en el año 357 el papa Liberio formó una de las fórmulas ambiguas de Sirmo, en la cual había sido eliminado el término "homoousios". También, el Papa excomulgó, de manera escandalosa, a san Atanasio. San Hilario de Poitiers fue el único obispo que lanzó improperios graves al papa Liberio por tales actos de ambigüedad. En el año 359 los sínodos paralelos del episcopado occidental en Rímini y del oriental en Seuleukia habían aceptado las expresiones completamente arrianas, peores todavía que la ambigua fórmula firmada por el papa Liberio. Describiendo la situación de confusión de la época, san Jerónimo se expresó así: "el mundo se quejó y se dio cuenta con asombro que era arriano" ("Ingemuit totus orbis, et arianum se esse miratus est": Adv. Lucif., 19).

Se puede afirmar que nuestra época está caracterizada por una gran confusión respecto a la disciplina sacramental para los divorciados vueltos a casar. Existe un tiempo real en el que esta confusión se expande a vasta escala, si evitamos proponer y proclamar la fórmula del magisterio universal e inefable: "La reconciliación en el sacramento de la penitencia
que abre el camino al sacramento eucarístico– puede ser concedido solo a aquellos que [...] asumen el empeño de vivir en plena continencia, los que se abstienen de los actos propios de los cónyuges" (Juan Pablo II, Familiaris Consortio, 84). Esta fórmula está incompresiblemente ausente en AL. AL contiene, en cambio, una manera inexplicable, en la segunda declaración: ”Es en estas situaciones (de los divorciados vueltos a casar), muchos, conociendo y aceptando la posibilidad de convivir "como hermano y hermana" que la Iglesia les ofrece, señalando que, faltan algunas expresiones de intimidad, "no es raro que la fidelidad se ponga en peligro y pueda venir un compromiso para el bien de los hijos" (AL, 298, n os 329). Tal afirmación deja pensar en una contradicción con la enseñanza perenne del magisterio de la Iglesia, como ha sido formulado en el texto citado de la Familiaris Consortio, 84.

Es urgente que la Santa Sede confirme y proclame nuevamente, eventualmente bajo la forma de la interpretación autentica de AL, la citada fórmula de la Familiaris Consortio, 84. Esta fórmula podría ser considerada, bajo ciertos aspectos, como el "homoousios" de nuestros días. La falta de confirmar de manera oficial y explicita de la fórmula de Familiaris Consortio 84 por parte de la Sede Apostólica podría contribuir a una confusión siempre mayor en la doctrinal. En este modo se crearía una tal situación a la cual se podría en un futuro aplicar la segunda constatación: "Todo el mundo se quejó y se da cuenta con asombro haber aceptado el divorcio en la praxis" ("Ingemuit totus orbis, et divortium in praxi se accepisse miratus est").

Una confusión en la disciplina sacramental en contra de los divorciados vueltos a casar, con la consiguiente implicación doctrinal, contradeciría la naturaleza de la Iglesia católica, así como había sido descrita por san Ireneo en el siglo II: "La Iglesia, habiendo recibido esta predicación y esta fe, aunque la dispersa por el mundo entero, la conserva con cuidado como habitando una sola casa; y del mismo modo cree en esta verdad, como si hubiera una sola alma y un solo corazón; y lo proclama, enseña y transmite, con voz unánime, como si hubiera una sola boca" (Adversus haereses, I, 10, 2).

La Sede de Pedro, es decir, el Soberano Pontífice, es el que garantiza la unidad de la fe y de la disciplina sacramental apostólica. Considerando la confusión que ha sido creada entre los sacerdotes y los obispos en la práctica sacramental por cuanto aguarda a los divorciados vueltos a casar y la interpretación de AL, se puede considerar legítima una llamada a nuestro querido papa Francisco, el vicario de Cristo, y "el dulce Cristo en la Tierra" (Santa Catalina de Siena), para que ordene la publicación de una interpretación autentica de AL, que debería necesariamente contener una declaración explícita del principio disciplinario del magisterio universal e infalible en cuanto a la admisión a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar, como es formulado en el número 84 de la Familiaris Consortio.

En la gran confusión arriana del siglo IV, san Basilio el Grande hizo un llamamiento urgente al Papa de Roma para que indicara con sus palabras una clara dirección para obtener finalmente la unidad de pensamiento en la fe y en la caridad (cf. Ep. 70).

Una interpretación autentica de AL de parte de la Santa Sede llevaría una alegría en la claridad ("claritatis laetitia") para toda la Iglesia. Tal claridad garantizaría un amor en la alegría ("amoris laetitia"), un amor y una alegría que no serían según la mente de los hombres, sino según la mente de Dios (cf. Mt 16, 23). Y es esto lo que es contrario a la alegría, la vida y la salvación eterna de los divorciados vueltos a casar y de todos los hombres.

+ Athanasius Schneider, Obispo Auxiliar de la Archidiócesis de María Santísima en Astana, Kazajistán.

[Artículo original en italiano, traducido por D. Gabriello Sabbatelli].

sábado, 30 de abril de 2016

El consejero de San Juan Pablo II y filósofo alemán Robert Spaemann asegura en una entrevista que "Amoris laetitia" rompe con el Magisterio de la Iglesia. Texto completo en español

Considerado el filósofo alemán católico más importante de las últimas décadas, Robert Spaemann fue consejero de San Juan Pablo II y es amigo del Papa emérito, S. S. Benedicto XVI. Anteayer, concedió una entrevista en exclusiva a la CNA alemana, en la que este profesor emérito de Filosofía comenta la reciente Exhortación Apostólica post-sinodal "Amoris laetitia", del Papa Francisco, hecha pública el pasado viernes 8 de abril. Su conclusión: "Amoris laetitia" rompe con el Magisterio de la Iglesia precedente, y en especial con la Encíclica "Veritatis Splendor", de San Juan Pablo II. Aquí está la entrevista completa:

Profesor Spaemann, usted ha acompañado con su filosofía los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Muchos creyentes hoy en día discuten si la exhortación post-sinodal «Amoris Laetitia» de Francisco puede ser leída en continuidad con las enseñanzas de la Iglesia y de estos papas.

Para la mayor parte del texto es posible, a pesar de que su línea da lugar a conclusiones que pueden no ser compatibles con las enseñanzas de la Iglesia. En cualquier caso, el artículo 305, junto con la nota 351, que establece que los fieles «en una situación objetiva de pecado» pueden ser admitidos a los sacramentos «debido a circunstancias atenuantes» contradice directamente el artículo 84 de la «Familiaris Consortio» de Juan Pablo II.

¿Qué deseaba Juan Pablo II?

Juan Pablo II declara la sexualidad humana «símbolo real de la donación de toda la persona» y «sin ninguna limitación temporal ni de ningún tipo». El artículo 84 dice, entonces, con toda claridad que los divorciados vueltos a casar, si desean acceder a la comunión, deben renunciar a los actos sexuales. Un cambio en la práctica de la administración de los sacramentos por tanto no sería un «desarrollo» de la «Familiaris Consortio», como dijo el cardenal Kasper, sino una ruptura substancial con su enseñanza antropológica y teológica sobre el matrimonio y la sexualidad humana.

La Iglesia no tiene el poder, sin que haya una conversión previa, de juzgar positivamente unas relaciones sexuales desordenadas, mediante la administración de los sacramentos, disponiendo anticipadamente de la misericordia de Dios. Y esto sigue siendo cierto, sin importar cuál sea el juicio sobre estas situaciones, tanto en el plano moral como en el plano humano. En este caso, como en la ordenación de mujeres, la puerta está cerrada.

¿No se podría argumentar que las consideraciones antropológicas y teológicas que usted ha mencionado tal vez sean verdaderas, pero que la misericordia de Dios no está sujeta a estos límites, sino que se conecta a la situación concreta de cada persona?

La misericordia de Dios está en el corazón de la fe cristiana en la Encarnación y la Redención. Ciertamente, Dios mira a cada persona en su situación particular. Él conoce a cada una de las personas mejor que lo que ella se conoce a sí misma. La vida cristiana, sin embargo, no es un entrenamiento pedagógico en el que uno se mueve hacia el matrimonio como un ideal, como «Amoris Laetitia» parece sugerir en muchos pasajes. Todo el ámbito de las relaciones, especialmente las de naturaleza sexual, tiene que ver con la dignidad de la persona humana, con su personalidad y libertad. Tiene que ver con el cuerpo como «templo de Dios» (1 Cor 6,19). Cualquier violación de este ámbito, aunque se haya vuelto frecuente, es, pues, una violación de la relación con Dios, a quien los cristianos se saben llamados; es un pecado contra su santidad, y tiene siempre y continuamente necesidad de purificación y conversión.

La misericordia de Dios consiste precisamente en que esta conversión se hace posible continuamente y siempre de nuevo. La misericordia, desde luego, no está vinculada a determinados límites, pero la Iglesia, por su parte, está obligada a predicar la conversión y no tiene el poder de superar los límites existentes mediante la administración de los sacramentos, haciendo así violencia a la misericordia de Dios. Esto sería orgullosa arrogancia.

Por lo tanto, los clérigos que se atienen al orden existente no condenan a nadie, sino tienen en cuenta y anuncian este límite hacia la santidad de Dios. Es un anuncio saludable. Acusarlos injustamente, por esto, de «esconderse detrás de las enseñanzas de la Iglesia» y de «sentarse en la cátedra de Moisés... para lanzar piedras a la vida de las personas» (art. 305), es algo que no quiero ni comentar. Se debe notar, sólo de pasada, que aquí se utiliza, jugando con una deliberada interpretación errónea, ese pasaje del Evangelio. Jesús dice, de hecho, sí, que los fariseos y los escribas se sientan en la cátedra de Moisés, pero hace hincapié en que los discípulos deben practicar y observar todo lo que ellos dicen, pero no deben vivir como ellos (Mt 23: 2).

El Papa quiere que no nos centremos en las frases individuales de su exhortación, sino que se tenga en cuenta todo el trabajo en su conjunto.

Desde mi punto de vista, centrarse en los pasajes antes citados está totalmente justificado. Delante de un texto del Magisterio papal no se puede esperar que la gente se alegre por un hermoso texto y disimule como si nada ante frases cruciales, que cambian la enseñanza de la Iglesia. En este caso sólo hay una clara decisión entre el sí y el no. Dar o negar la comunión: no hay término medio.

Francisco en su escrito enfatiza repetidamente que nadie puede ser condenado para siempre.

Me resulta difícil entender lo que quiere decir. Que a la Iglesia no le es lícito condenar a nadie personalmente, y mucho menos eternamente - lo cual, gracias a Dios, ni siquiera puede hacer - es claro. Pero, cuando se trata de relaciones sexuales que contradicen objetivamente el orden cristiano de la vida, entonces realmente quisiera que el Papa me dijera después de cuánto tiempo y bajo qué circunstancias un comportamiento objetivamente pecaminoso se convierte en una conducta agradable a Dios.

Aquí, entonces, ¿se trata realmente de una ruptura con la enseñanza tradicional de la Iglesia?

Que se trata de una ruptura es algo evidente para cualquier persona capaz de pensar que lea los textos en cuestión.

¿Cómo se ha podido llegar a esta ruptura?

R. - Que Francisco se coloque en una distancia crítica respecto a su predecesor Juan Pablo II ya se había visto cuando lo canonizó junto con Juan XXIII, cuando se consideró innecesario para este último el segundo milagro que, en cambio, se requiere canónicamente. Muchos con razón han considerado esta opción como manipulación. Parecía que el Papa quisiera relativizar la importancia de Juan Pablo II.

El verdadero problema, sin embargo, es una influyente corriente de la teología moral, ya presente entre los jesuitas en el siglo XVII, que sostiene una mera ética situacional. Las citas de Tomás de Aquino referidas por el Papa en «Amoris Laetitia» parecen apoyar esta línea de pensamiento. Aquí, sin embargo, pasa por alto el hecho de que Tomás de Aquino conoce actos objetivamente pecaminosos, para los que no admite excepción vinculada a las situaciones. Entre éstas se incluyen comportamientos sexuales desordenados. Como había hecho ya en los años cincuenta el jesuita Karl Rahner en un ensayo que contiene todos los argumentos esenciales, válidos aún hoy, Juan Pablo II rechazó la ética de la situación y la condenó en su encíclica «Veritatis Splendor».

«Amoris Laetitia» también rompe con esta encíclica. En este sentido, pues, no hay que olvidar que fue Juan Pablo II quien dedicó su pontificado a la misericordia divina, le dedicó su segunda encíclica, descubrió en Cracovia el diario de Sor Faustina y, más tarde, la canonizó. Él es su intérprete auténtico.

¿Qué consecuencias ve usted para la Iglesia?

Las consecuencias ya se pueden ver ahora. La creciente incertidumbre y la confusión: desde las conferencias episcopales al último sacerdote en la selva. Hace sólo unos días un sacerdote del Congo me expresó toda su perplejidad frente a esto y frente a la falta de una orientación clara. De acuerdo con los pasajes correspondientes de «Amoris Laetitia», en presencia de «circunstancias atenuantes» no definidas, pueden ser admitidos a la confesión de los demás pecados y a la comunión no sólo los divorciados y vueltos a casar, sino todos los que viven en cualquier «situación irregular», sin que deban esforzarse por abandonar su conducta sexual y, por tanto, sin confesión plena y sin conversión.

Cada sacerdote que se atenga al ordenamiento sacramental previo podría sufrir formas de intimidación por parte de sus fieles y ser presionado por su obispo. Roma ahora puede imponer el requisito de que sólo sean nombrados obispos los «misericordiosos», que estén dispuestos a suavizar el orden existente. Con un trazo el caos ha sido erigido como principio. El Papa debería haber sabido que con esa medida divide la Iglesia y abre la puerta a un cisma. Este cisma no residiría en la periferia, sino en el corazón mismo de la Iglesia. Dios no lo quiera.

Una cosa, sin embargo, parece segura: lo que parecía ser la aspiración de este pontificado - que la Iglesia superara su autoreferencialidad para salir al encuentro de las personas con un corazón libre - con este documento papal se aniquiló por tiempo indefinido. Se puede esperar un impulso secularizador y un nuevo descenso en el número de sacerdotes en muchas partes del mundo. Se puede comprobar fácilmente, desde hace tiempo, que los obispos y diócesis con una actitud inequívoca en materia de fe y moral tienen el mayor número de vocaciones sacerdotales. Hay que tener en cuenta aquí lo que escribe San Pablo en su carta a los Corintios: «Si la trompeta da un sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?» (1 Cor 14: 8).

¿Qué va a pasar ahora?

Cada cardenal, pero también cada obispo y sacerdote está llamado a defender en su propio campo el orden sacramental católico y profesarlo públicamente. Si el Papa no está dispuesto a hacer correcciones, le tocará al siguiente pontificado poner oficialmente las cosas en su sitio.

[Artículo original en alemán en la página CNA Deusche Ausgabe. Traducido al español por InfoCatólica].

jueves, 28 de abril de 2016

Entrevista íntegra a Mons. Athanasius Schneider en español: Sínodo de la familia, Concilio Vaticano II, crisis de la Iglesia, vídeos papales, kikos, judíos, islam, ecumenismo, crisis migratoria, ortodoxos, misericordia divina, Eucaristía, Liturgia tradicional, Comunión en la mano y Regnum Eucharisticum

En la misma línea que la entrevista concedida a Rorate Caeli por S. E. Mons. Athanasius Schneider, obispo titular de Celerina y auxiliar de Santa María de Astaná (Kazajistán), a finales del pasado mes de enero, de la que hice la traducción al español y reproduje en este blog (ver aquí), el mes pasado también concedió otra entrevista a D. Dániel Fülep (en la imagen, junto a Mons. Schneider), Director del Centro de Estudios Superiores John Henry Newman de Hungría (puede leerse en inglés en la página original), durante su primera visita al país. Allí, entre los días 4 y 6 de marzo impartió una serie de conferencias y ofició la solemne Santa Misa Tridentina Pontifical con gran afluencia de fieles. Al día siguiente, 7 de marzo, visitó el Parlamento húngaro y la catedral de San Esteban, donde oró por Hungría ante la reliquia de la mano del Santo rey. He traducido al español la entrevista íntegra -traducida a su vez del húngaro al inglés por D. Gábor Sallai-, que presento a continuación, ya que algunas páginas que la han publicado no lo han hecho en su totalidad, y algunas partes de dichas traducciones, además, no se entendían bien. Como aclaración, debe tenerse en cuenta, al leer ciertas afirmaciones de Mons. Schneider, que en el momento en que concedió esta extensa entrevista aún no había sido publicada la Exhortación Apostólica post-sinodal "Amoris laetitia". Aquí está la entrevista completa -excluyendo las notas al pie-, en la que Mons. Schneider toca temas tan diversos como los pasados Sínodos de la familia (de 2014 y 2015), el Concilio Vaticano II, la crisis de la Iglesia, los vídeo-mensajes papales, el Camino Neocatecumenal (kikos), los judíos, el islam, el ecumenismo, la crisis migratoria, los ortodoxos, la misericordia divina, la Eucaristía, la Liturgia tradicional, la Comunión en la mano y el Regnum Eucharisticum:

Acerca de los Sínodos de la familia

Sr. Fülep: Después del Sínodo Extraordinario, muchas personas se han asustado o llenado de falsas esperanzas. Quienes esperaban un cambio en la doctrina moral de la Iglesia probablemente se vieron decepcionados por el contenido de la Relación final. Sin embargo, ¿no fue, de hecho, una prueba experimental para suavizar la doctrina de la Iglesia abriendo la puerta a graves abusos y otros intentos futuros similares? ¿Qué piensa de ésto VE conociendo el Informe Final del Sínodo Ordinario?

Mons. Schneider: Bueno, gracias a Dios, el informe final del Sínodo hizo declaraciones claras sobre el comportamiento homosexual, el cual es inaceptable a la luz de la moral cristiana, y también contiene buenas y claras afirmaciones contra la ideología de género. Gracias a Dios. Pero como dije en mi análisis del informe final, la sección del informe sobre las parejas que vuelven a casarse sigue siendo ambigua. Por eso, quienes promueven la comunión para la divorciados vueltos a casar rápidamente dijeron que el informe final representaba una puerta abierta, aunque no directamente, para el acceso a los sacramentos de los vueltos a casar. Los obispos, sin embargo, deben evitar tales declaraciones ambiguas en los documentos oficiales. Por supuesto, el informe final no es un texto del Magisterio, gracias a Dios, sino un simple informe. Por lo tanto, debemos esperar y tener esperanza que haya otro texto oficial del Magisterio que exponga claramente la doctrina católica.

Sr. Fülep: En una entrevista Su Excelencia dijo sobre el Sínodo extraordinario, que "lamentablemente la Relación final del Sínodo también contiene un párrafo con el voto sobre la cuestión de la Santa Comunión a los divorciados vueltos a casar. A pesar de que no alcanzó los necesarios dos tercios de los votos, es preocupante y sorprendente que la mayoría absoluta de los obispos presentes votaran a favor de [dar] la sagrada Comunión a los divorciados vueltos a casar, lo que se refleja negativamente la calidad espiritual del episcopado católico actual". ¿Qué piensa VE acerca de esta mala calidad espiritual del episcopado católico? ¿Cuáles son las razones profundas de ello?

Mons. Schneider: Durante muchos años hemos observado que muchas de las Conferencias Episcopales oficiales predominantemente se han ocupado de asuntos temporales y terrenales en lugar de [ocuparse] de los sobrenaturales y eternos aunque estos últimos deben ser considerados los más importantes en la vida de la Iglesia. Salvar almas y conducirlas al cielo: esta es la razón por la cual Cristo vino a salvarnos y fundó la Iglesia. Por eso la Iglesia tiene que conducir a la gente al cielo y proporcionarle verdades divinas, gracias sobrenaturales y la vida de Dios. Esta es la principal tarea de la Iglesia. Ocuparse de los asuntos temporales es cosa del gobierno. Por lo que aquí veo un traspaso de las obligaciones del gobierno, de la autoridad civil, a los obispos, sucesores de los Apóstoles. Por supuesto, sobre la base de su doctrina social, la Iglesia puede aconsejar al gobierno para que la vida social se adapte más a la ley natural. Pero esta no es la principal tarea de la Iglesia. Es una tarea secundaria. La crisis actual de la Iglesia es en gran parte debido a esto: la sustitución de la tarea principal por las secundarias.

Sr. Fülep: El Sínodo Ordinario emitió un informe final con algunas propuestas pastorales dirigido al discernimiento del Papa. VE escribió a este respecto que "durante el Sínodo ya aparecieron esos nuevos discípulos de Moisés y los nuevos fariseos que en los números 84-86 del Informe final abrían la admisión de los divorciados vueltos a casar a la sagrada Comunión por la puerta de atrás [...] Durante las dos últimas Asambleas del Sínodo (2014 y 2015) los nuevos discípulos de Moisés y los nuevos fariseos enmascararon su rechazo formal a la indisolubilidad del matrimonio y la abrogación del Sexto Mandamiento a través de un tratamiento caso por caso...". Aquí también, el método es el típico lenguaje ambiguo del modernismo. Encontramos términos ambivalentes o equívocos, por ejemplo: "vía de discernimiento", "acompañamiento", "forum internum", "orientaciones episcopales", "diálogo con el sacerdote", "una mayor integración en la vida de la Iglesia". Parece que en el Informe final (y sobre todo en los párrafos 85-86) la conciencia anula la ley divina. ¿No fue éste el mismo error de Lutero? Está relacionado con el principio protestante del juicio subjetivo sobre asuntos de fe y disciplina y la teoría errónea de la "optio fundamentalis" [opción fundamental], ¿verdad?

Mons. Schneider: A pesar de que estos párrafos establecen que el juicio individual de la conciencia de estas parejas se debe hacer de acuerdo con la doctrina de la Iglesia, sigue habiendo una falta de claridad. Los que promueven la comunión para los divorciados vueltos a casar, como por ejemplo el cardenal Kasper y su grupo, sostienen abiertamente que si bien la doctrina de la Iglesia permanece, sin duda existe la posibilidad de que los divorciados vueltos a casar puedan recibir la Comunión. Por lo que reconocieron la posibilidad de un contraste entre la doctrina y la práctica. Esta es también la posición típica del protestantismo. Se mantiene la teoría o la doctrina, las obras no son tan importantes y necesarias. Este es el peligroso principio de la salvación sólo por la fe. Y los mismos párrafos no dicen que la cohabitación fuera de un matrimonio válido es pecado. Esto es objetivamente una grave omisión. El informe final dice indirectamente que para los divorciados casados ​​de nuevo la culpabilidad de la cohabitación se podría reducir o incluso no imputarse debido a algunas circunstancias o las emociones que sufren. Sin embargo, la aplicación del principio implícito de la cohabitación fuera del matrimonio es completamente incorrecta. Quienes cohabitan tienen la intención de cometer pecado de forma continua, por lo que no es un acto inmoral espontáneo. Deben tener el propósito de evitar actos sexuales fuera del matrimonio. Y de la misma manera, esa imputabilidad del pecado de cohabitación también podría aplicarse a la cohabitación de los jóvenes sin casar. Admitiendo tal teoría, estos obispos anulan el Sexto Mandamiento de [la Ley de] Dios. Y si se acepta este principio, ninguno de los pecados contra el sexto mandamiento será ya considerado pecado. En cierto sentido esto es la abrogación del Sexto Mandamiento.

Sr. Fülep: Sobre el Informe final del Sínodo Ordinario VE dijo que "parece inaugurar una cacofonía doctrinal y disciplinar de la Iglesia Católica, lo que contradice la esencia misma de ser católico" ¿Podría explicarlo?

Mons. Schneider: Cacofonía es lo contrario a la sinfonía. Sinfonía significa que todas las voces se combinan para producir armonía, mostrando la misma. En la cacofonía, una de las voces parece incorrecta. Está en contra de la verdad de la melodía. Y así, cuando este Informe final no puede afirmar claramente la inmoralidad de la convivencia de las personas divorciadas, cuando no logra exponer claramente las condiciones establecidas por Dios para la digna recepción de la sagrada Comunión, otros usarán ese fracaso para proclamar una mentira, por lo que su voz estará en contra de la verdad, lo mismo que en la música una voz falsa está en contra de la verdad de la sinfonía.

Sobre el Concilio Vaticano II

Sr. Fülep: En una conferencia teológica en Roma en diciembre de 2010, usted planteó la necesidad de "un nuevo Syllabus" en el que la autoridad magisterial papal debería corregir las interpretaciones erróneas de los documentos del Concilio Vaticano II. ¿Qué piensa a día de hoy?

Mons. Schneider: Creo que en este momento de confusión es absolutamente necesario que exista ese Syllabus. Syllabus significa una lista, una enumeración de peligros, declaraciones confusas, malinterpretaciones, etc; una enumeración de los errores más extendidos y comunes en cada área, ya sea el dogma, la moral o la liturgia. Por otra parte, también se deben clarificar y evaluar positivamente los mismos puntos. Seguramente se hará, porque la Iglesia siempre ha hecho precisiones muy claras, sobre todo tras momentos de confusión.

Sr. Fülep: "Aggiornamento" fue el nombre que se dio al programa pontificio de Juan XXIII en un discurso del 25 de enero de 1959, y fue una de las palabras clave usadas durante el Concilio Vaticano II. ¿Cuál es la interpretación
correcta de esa expresión?

Mons. Schneider: Para el Papa Juan XXIII el "aggiornamento" no era cambiar la verdad, sino explicarla de una manera más profunda y pedagógica para que las personas puedan entenderla
mejor y aceptarla. El Papa recalcó que "aggiornamento" significa mantener la fe en toda su integridad. Fue sólo tras el Concilio cuando esa palabra fue tergiversada totalmente para cambiar la fe. Esa no era la intención de Juan XXIII.

Sr. Fülep: Otro término malinterpretado es el de "participatio actuosa". Incluso en sentido clerical significa que preferiblemente todo el mundo debería realizar una tarea durante la liturgia. Es como si este término hiciera referencia a trajín o activismo. Ni siquiera aparece la idea de actividad interna.

Mons. Schneider: La primera persona en emplear la expresión "participatio actuosa" fue el Papa Pío X en su famoso motu proprio "Tra le sollecitudini", sobre la Música Sacra. El Papa habla de "participatio actuosa" y explica que quiere decir que los fieles deben ser conscientes de las palabras y ritos sagrados durante la Santa Misa, participando conscientemente en vez de distraídamente. Su corazón y su boca tienen que concordar. Se puede encontrar prácticamente el mismo significado en el documento "Sacrosanctum Concilium" del Concilio Vaticano II, en el que no podemos encontrar ninguna reinterpretación importante del término. Y Sacrosanctum Concilium enseña que en la práctica participatio actuosa significa escuchar, responder, cantar, arrodillarse y hasta estar en silencio. Fue la primera vez que el Magisterio se refirió al silencio como una forma de participatio actuosa. Así que, debemos acabar con algunos mitos sobre la "participatio actuosa".

Sobre la crisis de la Iglesia

Sr. Fülep: Debemos darnos cuenta de que actualmente existe una profunda fractura dentro de la Iglesia. El panorama es muy complejo, pero simplificando podemos decir que hay una dolorosa confrontación entre el modernismo y la tradición. ¿Cómo podría Su Excelencia
explicar esta dicotomía en la vida de la Iglesia?

Mons. Schneider: Ya llevamos viviendo y experimentando esta dicotomía 50 años desde el Concilio. Por un lado, hay signos positivos en la Iglesia. Por otro lado,
algunos obispos y sacerdotes están difundiendo auténticos errores. Tal situación es contraria a la naturaleza de la Iglesia. Jesucristo mandó a los Apóstoles y sus sucesores conservar el depósito de la fe, o sea, la fe católica, intacta, y por eso los Apóstoles incluso murieron por ella. Quienes tienen autoridad en la Iglesia deben actuar contra tal situación y corregirla.

Sr. Fülep: Si analizamos la vida de la Iglesia, podemos darnos cuenta de que estamos viviendo una época extraordinaria [fuera de lo normal]. La apostasía es general quizás en todas partes y las herejías campan a sus anchas: modernismo, conciliarismo, arqueologismo, etc. Desgraciadamente, también vemos indicios de herejía entre los obispos. Los historiadores dicen que esta crisis nos retrotrae al tiempo del arrianismo. Si esta comparación es correcta, ¿en qué se parece la época del arrianismo y nuestros días?

Mons. Schneider: La crisis arriana del siglo IV causó una confusión general en toda la Iglesia. Por eso la herejía o las medias verdades y ambigüedades sobre la divinidad de Cristo se difundieron ampliamente en esa época. Sólo quedaron muy pocos obispos que se opusieran abiertamente a esa herejía y la ambigüedad que representaban los llamados semi-arrianos. En aquellos días sólo el clero políticamente correcto era promovido a altos cargos eclesiásticos como el de los obispos, porque el gobierno de aquellos tiempos sostenía y promovía la herejía. En cierta manera es similar a nuestra época. En nuestros tiempos no sólo se niega un dogma de fe, sino que hay una confusión general en casi todos los ámbitos de la doctrina católica, la moral y la liturgia. También en nuestros días, la mayor parte de los obispos están bastante callados o tienen miedo de defender de la fe católica. Por lo tanto, mi respuesta es 'sí', hay similitudes.

Sr. Fülep: Algunos sugieren que sería importante que un nuevo dogma definiera el término "tradición" y delimitara claramente los vínculos entre la tradición y el papado, los concilios, el magisterio, etc. Este nuevo dogma podría defender la tradición contra, por ejemplo, el conciliarismo o una interpretación incorrecta del primado papal. ¿Qué opina sobre ésto?

Mons. Schneider: Tenemos un documento del Concilio Vaticano II sobre la Divina Revelación, Dei Verbum, en el que hay muy bellas declaraciones. Afirma que el Magisterio, el Papa, no está por encima de la Palabra de Dios o la Tradición, sino que, como un servidor de la Palabra de Dios, escrita y transmitida
oralmente (= tradición), está por debajo de Ella. También debe resaltarse que el Papa, el papado, no es el dueño de la tradición o de la liturgia, sino que debe preservarlas como un buen jardinero. El Papa debe preservar y defender la tradición como un servidor fiel. Creo que sería bueno profundizar en la reflexión sobre la relación entre el Magisterio y la Tradición.

Sr. Fülep: Hoy en día, los fieles católicos deben de sentir la debilidad y las disfunciones del Magisterio:
me atrevo a decir, sin exagerar, que en los medios de comunicación católicos oficiales se pueden oír, leer o ver errores mayúsculos, ambigüedades y, lo que es peor, herejías, por parte de sacerdotes de alto rango, y es triste reconocerlo, también de obispos y altos dignatarios eclesiásticos, casi diariamente. Una parte significativa de las declaraciones oficiales –también de las más altas [instancias]– es confusa, contradictoria, engañando a muchos fieles. ¿Qué deberían hacer los fieles católicos en estos tiempos difíciles? ¿Cómo podemos permanecer fieles a la Fe en esta situación? ¿Cuál es nuestro deber?

Mons. Schneider: En la historia de la Iglesia siempre ha habido momentos de profunda crisis de fe y moral. La crisis más grave y peligrosa fue, indudablemente, la crisis arriana del siglo IV. Fue un ataque a muerte contra el misterio de la Santísima Trinidad. En aquellos tiempos fueron prácticamente los simples fieles quienes salvaron la Fe católica. Analizando esa crisis, el Beato John Henry Newman dijo que fue la "Ecclesia docta" (es decir, los fieles que reciben la instrucción del clero) en lugar de la "Ecclesia docens" (o sea, los depositarios del Magisterio eclesiástico) quienes salvaron la integridad de la Fe católica en el siglo IV. En momentos de crisis profunda, a la Divina Providencia le gusta valerse de los sencillos y humildes para demostrar la
indestructibilidad de Su Iglesia. La siguiente afirmación de San Pablo también puede aplicarse a la situación interna de la Iglesia: "Dios ha escogido lo insensato del mundo para confundir a los sabios; y lo débil del mundo ha elegido Dios para confundir a los fuertes" (I Cor 1, 27). Cuando los simples fieles observan que los representantes del clero, y hasta del alto clero, ignoran la fe católica y proclaman errores, deben rezar por su conversión y reparar las faltas del clero a través de un valiente testimonio de la fe. A veces, los fieles también deben aconsejar y corregir al clero, pero siempre con respeto, es decir, siguiendo el principio de "sentire cum Ecclesia", como lo hicieron, por ejemplo, Santa Catalina de Siena y Santa Brígida de Suecia. En la Iglesia todos formamos un cuerpo, el Cuerpo Místico de Cristo. Cuando la cabeza (el clero) es débil, los otros miembros deben tratar de fortalecer todo el cuerpo. Básicamente, la Iglesia está guiada por la Cabeza invisible, que es Cristo, y está animada por su alma invisible, que es el Espíritu Santo. Por eso la Iglesia es indestructible.

Video mensaje confuso y ambiguo

Sr. Fülep: El papa Francisco reveló sus intenciones de oración por el diálogo interreligioso para
enero en un mensaje de vídeo. El Santo Padre declara que ruega [para] "que el diálogo sincero entre hombres y mujeres de diferentes religiones dé frutos de paz y justicia". En el vídeo vemos al Papa argentino con fieles de otras religiones, incluyendo judíos, musulmanes y budistas, cada cual profesando su fe y juntos declarando creer en el amor. El Papa llama al diálogo interreligioso, señalando que "la mayoría de los habitantes del planeta se declaran creyentes", por lo que "Esto debe conducir al diálogo entre las religiones. "Sólo a través del diálogo", subraya, "podremos acabar con la intolerancia y la discriminación". Indicando que el diálogo interreligioso es "una condición necesaria para la paz mundial", dice el Papa, "no debemos dejar de rezar por él o de colaborar con quienes piensan diferente". También expresa su esperanza de que su petición de oración se extienda a toda la gente. "En esta gran variedad de religiones", concluye el papa Francisco, "sólo hay una certeza para todos: todos somos hijos de Dios", y dice que confía en nuestras oraciones. En la última imagen podemos ver al niño Jesús entre Buda, la Menorá y un tasbih o masbaha [una especie de rosario] musulmán. Si creemos que Jesucristo es el Hijo único de Dios, y [en] la Iglesia Católica, y [que] la aceptación de la Fe y el Bautismo son necesarios para la salvación, y sabemos que la filiación divina es fruto de la justificación, ver este vídeo nos da vergüenza...

Mons. Schneider: Por supuesto. Por desgracia, estas declaraciones del Papa son sumamente confusas y ambiguas. Hay confusión porque equipara el nivel natural, según el cual todas las personas son criaturas de Dios, con el nivel sobrenatural, según el cual sólo aquellos que creen en Cristo y reciben el Bautismo son hijos de Dios. Sólo quienes creen en Cristo
son hijos de Dios, porque no han nacido de la carne o la sangre, que es el nivel natural, sino que nacen de Dios a través de la fe en Cristo y el Bautismo. Esto lo declara Dios mismo en el Evangelio de Juan. La afirmación del Papa mencionada más arriba contradice, en cierto sentido, la propia Palabra de Dios. Y, como escribió San Pablo, es solamente en Cristo y por el Espíritu Santo que se derrama en nuestro corazón que podemos decir "Abba, Padre". A partir de la Palabra de Dios, está absolutamente claro. Por supuesto, Cristo ha derramado su sangre para redimir a todo el mundo, a todos los seres humanos. Esta es la redención objetiva. Y por eso todos los seres humanos pueden convertirse en hijos de Dios al aceptar subjetivamente a Cristo por la Fe y el Bautismo. Por lo que debemos dejar absolutamente claras estas diferencias.

El Camino Neocatecumenal es una comunidad judeo-protestante

Sr. Fülep: Al mismo tiempo que se persigue a la tradición, hay algunos nuevos movimientos modernos que son muy apoyados. Uno de ellos es la comunidad de Kiko. ¿Qué opina sobre el Camino Neocatecumenal?

Mons. Schneider: Es un fenómeno muy complejo y triste. Siendo franco: es un caballo de Troya en la Iglesia. Les conozco muy bien porque fui su delegado episcopal durante varios años en Karaganda (
Kazajistán). Y participé en sus Misas y reuniones y leí los escritos de Kiko, su fundador, así que les conozco bien. Si hablo abiertamente sin ser diplomático, debo afimar: El Camino Neocatecumenal es una comunidad judeo-protestante dentro de la Iglesia, sólo católica en apariencia. El aspecto más peligroso es el concerniente a la Eucaristía, porque la Eucaristía es el corazón de la Iglesia. Cuando el corazón está en mal estado, todo el cuerpo está en mal estado. Para el Neocatecumenado, la Eucaristía es antes que nada un banquete fraterno. Esto es protestante, una actitud típicamente luterana. Ellos rechazan la idea y la enseñanza de la Eucaristía como un verdadero sacrificio. Incluso sostienen que la enseñanza y creencia tradicional de la Eucaristía como sacrificio no es cristiana sino pagana. Eso es completamente absurdo; es típicamente luterano, protestante. Durante sus liturgias eucarísticas tratan al Santísimo Sacramento de una forma tan banal, que a veces llega a ser horrible. Permanecen sentados mientras reciben la sagrada Comunión, y así pierden partículas porque no tienen cuidado con ellas, y después de la Comunión bailan en vez de rezar y adorar a Jesús en silencio. Eso es realmente mundano y pagano, naturalista.

Sr. Fülep: El problema podría ser no sólo práctico [en la praxis, en la práctica]...

Mons. Schneider: El segundo peligro es su ideología. La idea principal del Neocatecumenado según su fundador, Kiko Argüello, es la siguiente: la Iglesia tuvo una vida ideal [perfecta] sólo hasta Constantino, en el siglo IV; sólo ésa fue realmente la auténtica Iglesia. Y con Constantino la Iglesia empezó a deteriorarse: degeneración doctrinal, litúrgica y moral. Y la Iglesia tocó fondo en esta degeneración de la doctrina y la liturgia con los decretos del Concilio de Trento. Sin embargo, opuesta a su opinión, la verdad es todo lo contrario: ese fue uno de los momentos culminantes de la historia de la Iglesia por la claridad de la doctrina y de la disciplina. Según Kiko, la Edad oscura de la Iglesia duró desde el siglo IV hasta el Concilio Vaticano II. Sólo con el Concilio Vaticano II la luz regresó a la Iglesia. Eso es una herejía, porque
equivale a decir que el Espíritu Santo abandonó la Iglesia. Y es muy sectario y muy en línea con Martín Lutero, que dijo que hasta [llegar] él, la Iglesia había estado en tinieblas y que sólo gracias a él llegó la luz a la Iglesia. La posición de Kiko es fundamentalmente la misma, sólo que Kiko postula el oscurantismo de la Iglesia desde Constantino hasta el Vaticano II. Así que, malinterpretan el Concilio Vaticano II. Dicen ser apóstoles del Vaticano II. Así justifican todas sus prácticas y enseñanzas heréticas con el Vaticano II. Eso es un abuso grave.

Sr. Fülep: ¿Cómo puede esta comunidad
ser admitida oficialmente en la Iglesia?

Mons. Schneider: Esa es otra tragedia. Establecieron un poderoso lobby en el Vaticano hace al menos treinta años. Y hay otro engaño: en muchos eventos presentan
a los obispos muchos frutos de conversión y muchas vocaciones. Un montón de obispos están deslumbrados por sus frutos, y no ven los errores, ni los examinan. Tienen familias numerosas, muchos hijos, y altos valores morales familiares. Por supuesto, eso es un buen resultado. Sin embargo, también hay una especie de conducta exagerada para presionar a las familias a tener el mayor número posible de hijos. Eso no es sano. Y dicen: estamos aceptando la Humanae Vitae, y eso, por supuesto, es bueno. Pero al final eso es una quimera, porque hoy también hay una barbaridad de grupos protestantes en el mundo con valores morales elevados, que también tienen un gran número de hijos, y que también van y protestan contra la ideología de género y la homosexualidad, y que también aceptan Humanae Vitae. Pero, para mí, ¡ese no es un criterio determinante de la verdad! También hay muchas comunidades protestantes que convierten a numerosos pecadores, gente que tenía adicciones como el alcoholismo y las drogas. Por ello, el fruto de conversiones no es un criterio decisivo para mí, por lo que no invitaré a mi diócesis a ese grupo protestante bueno, que convierte a los pecadores y tiene muchos hijos, para que se dediquen a hacer apostolado. Ese es un delirio de muchos obispos que están deslumbrados por los supuestos frutos.

Sr. Fülep: ¿Cuál es la piedra angular de la doctrina?

Mons. Schneider: La doctrina de la Eucaristía. Eso es el corazón.
Es un error mirar primero los frutos e ignorar o descuidar la doctrina y la liturgia. Estoy seguro de que llegará el momento en que la Iglesia examinará objetivamente esta organización en profundidad sin la presión de los lobbies del Camino Neocatecumenal, y sus errores doctrinales y litúrgicos realmente saldrán a la superficie.

Cristo es el único Redentor

Sr. Fülep: Hace cincuenta años fue promulgada la declaración
del Concilio Vaticano II Nostra aetate. Su cuarto artículo presenta la relación entre la Iglesia católica y el pueblo judío en un nuevo marco teológico. Este escrito es uno de los más problemáticos y controvertidos documentos conciliares; entre otras cosas, por sus afirmaciones sobre los judíos. Y ahora, por este semi-centenario [cincuentenario] el cardenal Kurt Koch ha escrito, en nombre de la Santa Sede, un nuevo documento en el que podemos leer que "la Iglesia católica no desarrolla ni sostiene ninguna misión institucional especifica dirigida a los judíos". ¿Ya no es válido el mandato misionero de Jesús?

Mons. Schneider: Es imposible, porque sería absolutamente contrario a la palabra de Cristo. Jesucristo dijo: "No he sido enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel" (Mt 15, 24) y su misión continúa, Él no la ha abolido. Dijo: "id a todas las naciones y hacedles mis discípulos" no dijo "id a todas las naciones, con la excepción de los judíos". La declaración anterior implica éso. Es absurdo. Va contra la voluntad de Dios y contra la
toda la bimilenaria historia de la vida de la Iglesia. La Iglesia siempre ha predicado a todo el mundo, sin importarle su procedencia o religión. Cristo es el único Redentor. Hoy los judíos rechazan la alianza de Dios. Sólo hay una alianza de Dios: la antigua alianza sólo fue preparatoria y consiguió su propósito en la Alianza Nueva y Eterna. Esa también es enseñanza del Concilio Vaticano II: "La economía del Antiguo Testamento estaba ordenada, sobre todo, para preparar, anunciar proféticamente y significar con diversas figuras la venida de Cristo redentor universal y la del Reino Mesiánico [...] Dios, pues, inspirador y autor de ambos Testamentos, dispuso las cosas tan sabiamente que el Nuevo Testamento está latente en el Antiguo y el Antiguo está patente en el Nuevo" (Dei Verbum, 15-16). Los judíos rechazaron esta Alianza divina, porque Jesús les dijo: "Quien me odia a Mí odia también a mi Padre" (Jn 15, 23). Estas palabras de Jesús aún son válidas para los judíos actuales: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán" (Mc 13, 31). Y Jesús dijo que quien no le acepte no puede ir al Padre. Cuando los judíos actuales rechazan a Cristo, también rechazan al Padre y su Alianza. Porque finalmente sólo hay una Alianza, no dos: la Vieja fue sustituida por la Nueva Alianza. Porque hay un solo Dios, no dos dioses: un dios del Antiguo Testamento, y un dios del Nuevo Testamento. Eso es herejía gnóstica. Esa es la doctrina de los fariseos y del Talmud. Actualmente los judíos son los discípulos talmudistas de los fariseos, que rechazaron la alianza de Dios en Su alianza nueva y eterna. Sin embargo, los judíos justos del Antiguo Testamento –los Profetas, Abraham y Moisés– aceptaron a Cristo. Lo dijo Jesús, así que también lo tenemos que puntualizar.

Sr. Fülep: Mientras que un estrechamente relacionado con Nostra aetate Juan Pablo II llamó a los judíos "hermanos mayores", el Papa Benedicto XVI usó la fórmula "padres en la fe". Pero los judíos del Antiguo Testamento y del judaísmo talmúdico son dos cosas bien diferentes, ¿no?

Mons. Schneider: Sí, por supuesto. Desafortunadamente, esas expresiones de esos dos Papas son, hasta cierto punto, ambiguas. No son claras. Por lo que si esas palabras quieren dar a entender que los judíos son nuestros hermanos mayores, hay que puntualizar que sólo los judíos del Antiguo Testamento –los profetas, Abraham y todos los santos del Antiguo Testamento– son nuestros hermanos mayores. Eso es correcto porque ya aceptaron a Cristo, no explícitamente sino a nivel de prefiguras y símbolos, y Abraham incluso
explícitamente, como dijo el mismo Cristo: "Abrahán, vuestro padre, exultó por ver mi día; y lo vio y se llenó de gozo" (Jn 8, 56). Pero, ¿cómo podemos decirlo de los actuales judíos del Talmud que rechazan a Cristo y no tienen fe en Cristo y la Santísima Trinidad? ¿Cómo pueden ser nuestros hermanos mayores si no tienen fe en Cristo? ¿Qué se supone que me enseñan? Yo tengo fe en Cristo y la Santísima Trinidad. Pero ellos rechazan la Santísima Trinidad, así que no tienen fe. Por lo tanto, nunca pueden ser mis hermanos mayores en la fe.

Diálogo con el Islam

Sr. Fülep: El islam es la religión más practicada en Kazajistán. Tradicionalmente, los kazajos [los de étnia kazaja] son musulmanes suníes. ¿Qué experiencia tiene en el diálogo con ellos? Se dice que el islam es similar al cristianismo o al judaísmo porque creen en un solo Dios, por lo que se supone que el monoteísmo es la base de la conversación. Pero, ¿realmente es así? ¿Se puede entablar un  diálogo teológico
profundo con ellos? ¿Alá es lo mismo que la Santísima Trinidad? ¿Hay alguna base de diálogo teológico si el Islam detesta la fe en la Encarnación?

Mons. Schneider: También hay cierta confusión cuando se dice que los judíos, los musulmanes y los cristianos siguen religiones monoteístas. Eso es bastante confuso. ¿Por qué? Porque nosotros los cristianos
no sólo creemos en un único Dios, sino también en el Dios Uno y Trino, en Dios, la Santísima Trinidad. No creemos en un solo Dios como puede [hacerlo] toda persona humana a la luz de la razón natural. Los judíos y los musulmanes creen en un solo Dios que es sólo una persona. Eso es una herejía, no es verdad. Dios no es una sola persona, Dios es tres personas. Es más, ellos [judíos y musulmanes] no tienen fe, porque sólo creen que Dios es uno, lo cual no requiere fe, [sino] sólo la razón natural. Es dogma de fe que por la luz natural de la razón natural todas las personas pueden reconocer que Dios es uno. Nosotros tenemos fe sobrenatural, y eso es una diferencia sustancial.

Objetivamente, Dios, que es conocido a través de la razón, es, por supuesto, la Santísima Trinidad. Pero los judíos y los musulmanes no aceptan la Santísima Trinidad. Así que, no podemos rezar juntos porque su oración manifiesta su convicción de que sólo hay un Dios, una sola persona. Pero nosotros, los cristianos, además adoramos a Dios en tres personas. Siempre. Así que, no podemos celebrar el mismo culto. No sería verdadero. Sería una contradicción y una mentira.

Sr. Fülep: ¿Significa eso que las dos Jornadas Mundiales de Oración por la Paz mantenidas en Asís representan una contradicción escandalosa?

Mons. Schneider: Por desgracia, las Jornadas Mundiales de Oración celebradas en Asís contenían y pusieron de manifiesto una confusión en cuanto a la diferencia sustancial entre la oración de los cristianos, que siempre se dirige a la Santísima Trinidad, y la oración de la gente que reconoce a Dios como Creador y una sola persona a la luz de la razón natural y le adoran de acuerdo a la razón natural. El aspecto más grave en los encuentros de oración interreligiosos de Asís fue, sin embargo, el hecho de que también participaran representantes de religiones politeístas, que llevaron a cabo su culto dirigido a ídolos, por lo que se practicó auténtica idolatría, que es el mayor pecado de acuerdo con la Sagrada Escritura.

"La emigración está planificada y programada
artificialmente"

Sr. Fülep: ¿Cuál es su punto de vista sobre la crisis migratoria en Europa? ¿Cuál es la postura de un buen católico al respecto?

Mons. Schneider: En mayor o menor medida eso es un asunto político. El primer cometido de los obispos no es hacer declaraciones políticas. Pero como persona privada, no como obispo, yo diría que la llamada "emigración"
está planificada y programada artificialmente, incluso se puede hablar de cierta invasión. Algunas potencias políticas mundiales la prepararon hace años, creando confusión y guerras en Oriente Medio "ayudando" a esos terroristas o no oponiéndose a ellos oficialmente, por lo que –en cierto modo– han contribuido a esta crisis. El traslado al corazón de Europa de tal masa de gente, predominantemente musulmana y perteneciente a una cultura muy diferente, es problemático. Por consiguiente, hay un conflicto programado en Europa y la vida civil y política está desestabilizada. Eso debe de ser evidente para todo el mundo.

La Iglesia y Rusia

Sr. Fülep: Me gustaría preguntarle sobre los rusos ortodoxos y de Rusia. Usted conoce muy bien la iglesia ortodoxa rusa, su vida y su mentalidad. El año que viene será el 100º aniversario de Fátima. Sin duda, Rusia no fue francamente consagrada al Inmaculado Corazón de María y se sabe que no se ha convertido a Dios.

Mons. Schneider: Bueno, conocemos el texto que publicó Juan Pablo II. Así que, de alguna manera fue una consagración de Rusia, aunque realmente no fuera explícita. En el texto él hablaba de países y naciones que necesitaban esta consagración, y que María quería que se consagraran a Ella. Hubo una alusión a Fátima, por supuesto. Por tanto, yo diría que fue una consagración indirecta de Rusia. Pero creo que también debería hacerse de manera explícita, mencionando específicamente a Rusia. Así que, confío en que se haga en el futuro.

Sr. Fülep: La Tradición católica y la sagrada Liturgia católica en su Usus Antiquior podrían ayudar al auténtico ecumenismo con los  ortodoxos.
Pero, por desgracia, están consternados a la vista del moderno Rito Latino. Dicen que somos como los protestantes. Esto es trágico si pensamos en la Tradición Apostólica común, que puede encontrarse en la raíz de las Liturgias latina y griega. ¿Promueve eso el diálogo eficaz con las iglesias orientales sin tradición católica?

Mons. Schneider: Por supuesto, eso es cierto. Suelo estar en contacto con el clero ortodoxo y me lo dicen. Esa forma de celebración de cara al pueblo, empleando mujeres como lectoras, por ejemplo, es más similar al culto protestante. El sacerdote y los fieles forman un círculo cerrado, la celebración es como una reunión y una conferencia, y también los aspectos informales durante la Misa contradicen la tradición católica y apostólica que tenemos en común con la iglesia ortodoxa. Así que, es cierto y estoy convencido de que cuando volvamos a la liturgia tradicional o al menos celebremos [con] el nuevo Ordinario de la Misa de una manera tradicional, también nos aproximaremos más a nuestros hermanos ortodoxos, al menos en el plano litúrgico. En 2001, Juan Pablo II escribió una carta a la Congregación para el Culto Divino, en la que incluyó una frase muy interesante. Habló de la Liturgia romana tradicional, que es muy venerable y guarda similitudes con las venerables liturgias orientales.

Sr. Fülep: El Papa Francisco y el patriarca ortodoxo ruso Kirill de Moscú y de toda Rusia se reunieron en La Habana, Cuba, el 12 de febrero de 2012, para firmar una histórica declaración conjunta. Este documento incluye 30 puntos, de los que sólo 3 se refieren a cuestiones teológicas, el resto a la paz mundial, aspectos sociales, la protección de la vida, el matrimonio, la protección del medio ambiente y la libertad religiosa. ¿Qué significancia tiene dicho encuentro?

Mons. Schneider: El simple hecho de que un Romano Pontífice y un patriarca ruso se reunan por primera vez en la Historia tiene una significancia especial. En el plano humano y psicológico tal encuentro elimina siglos de desconfianza y enemistad mutuas. Así que, en este sentido, fue una reunión importante. Las cuestiones teológicas, sin embargo, estuvieron casi ausentes. Las circunstancias de la reunión también tuvieron una clara dimensión política. Esperemos que la Divina Providencia se valga de este encuentro para una futura unidad completa en la Fe católica.

Tenemos que arrepentirnos de nuestros pecados

Sr. Fülep: El papa Francisco dio inicio al Iubilaeum Extraordinarium Misericordiae [Jubileo Extraordinario de la Misericordia], que es un período de oración que abarca desde el día de la Inmaculada Concepción (8 de diciembre) de 2015, hasta la Fiesta de Cristo Rey (20 de noviembre) de 2016. Pueden escucharse un montón de enseñanzas y meditaciones sobre la misericordia. ¿Cómo interpreta usted la misericordia de Dios?

Mons. Schneider: La misericordia de Dios es su amor por nosotros. Y la misericordia de Dios nos fue revelada cuando vino a nosotros y se hizo uno de nosotros. [Dios] decidió hacerse hombre y redimirnos en la Cruz precisamente por su inefable misericordia. La misericordia de Dios radica en el hecho de que siempre está presto a perdonarnos cuando nos arrepentimos de nuestros pecados sinceramente. Al ser preguntado por Pedro: "Cuando mi hermano peque contra mí, ¿debo perdonarle siete veces?", y el propio Jesús le dijo: "no siete veces, sino hasta setenta veces siete", o sea, todas las veces que tu hermano te pida perdón sinceramente. Siempre que pedimos a Dios que perdone nuestros pecados, sin importar lo enormes y horribles que sean, Él nos perdonará, siempre y cuando nos arrepintamos de ellos sinceramente, esto es, cuando estamos dispuestos a evitarlos en el futuro. Pero, por desgracia, el grupo del cardenal Kasper y los clérigos que apoyan su teoría, malinterpretan y abusan del concepto de misericordia, sugiriendo la posibilidad de que Dios nos perdona incluso si no tenemos el firme propósito de arrepentirnos y evitar el pecado en el futuro. En el fondo, eso supone la completa destrucción de la concepción auténtica de misericordia divina. Tal teoría afirma: puedes seguir pecando, Dios es misericordioso. Eso es mentira y, en cierto modo, también un crimen espiritual, porque se está alentando a los pecadores a seguir pecando, y, en consecuencia, a que se pierdan y sean condenen por toda la eternidad.

Sr. Fülep: ¿Cuál es el vínculo entre la misericordia de Dios y la Sagrada Eucaristía? ¿Es el Santísimo Sacramento el principal signo de la misericordia de Dios, ya que Él se entregó vere, realiter et substantialiter [verdadera, real y substancialmente]?

Mons. Schneider: Naturalmente que sí. Lo es porque la Eucaristía es el sacramento de la Cruz de Cristo, el sacramento de su Sacrificio, que se actualiza en cada santa misa. El acto de nuestra redención, que es el mayor acto de misericordia de Dios, se hace presente. Por eso la Eucaristía es una demostración y proclamación de la misericordia viva de Dios por nosotros. Pero la Eucaristía no sólo comprende el Sacrificio de Cristo, sino también a la persona del mismo Cristo. Su Cuerpo y Alma están realmente presentes y esa es la más sagrada y santa verdad que tenemos aquí en la tierra. Sólo podemos acercamos al Santísimo como pecadores públicos quienes digan: "¡Oh, Señor mío, no soy digno, pero sáname, purifícame!". Por eso la Eucaristía es también manifestación de la misericordia de Dios, quien exige que previamente estemos purificados y limpios de nuestros pecados. El principal y propio sacramento de la misericordia es, sin embargo, el sacramento de la Penitencia. La Eucaristía es la manifestación de la misericordia de Dios, lo que exige necesariamente el sacramento específico de la misericordia, que es el sacramento de la Penitencia, para que el alma sea purificada. La puerta de la misericordia es el sacramento de la Penitencia: esa es la puerta abierta del Corazón de Jesús, cuando durante la absolución sacramental la Sangre, que purifica al pecador, brota del Corazón de Jesús. La Santa Misa constituye en sí misma el principio [origen] de todos los demás sacramentos y esta fuente es el Sacrificio de la Cruz.

El Espíritu Santo es más fuerte

Sr. Fülep: El motu propio Summorum Pontificum cumplirá diez años el año que viene. ¿Ha seguido Su excelencia cómo esta disposición papal es observada [cómo se cumple] en todo el mundo? ¿Cómo valora la situación?

Mons. Schneider: Evidentemente, como resultado del motu proprio, la liturgia tradicional comenzó a difundirse lenta pero poderosamente. Un movimiento así ya no puede pararse. Ya es muy potente, sobre todo entre las jóvenes generaciones: jóvenes, seminaristas, familias jóvenes. Ellos quieren experimentar la belleza de la Fe católica a través de esta liturgia, y eso es para mí un signo real de la obra del Espíritu Santo, porque se está extendiendo de forma muy natural y lentamente, sin la ayuda de las instituciones oficiales de la Iglesia, sin necesidad de nomenclatura. Frecuentemente, este movimiento debe enfrentarse incluso a la oposición de los representantes oficiales de la Iglesia. A pesar de las trabas por parte de la burocracia eclesial, está aumentando y difundiéndose, y eso para mí es obra del Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo es más fuerte que algunos obispos y cardenales, y que algunas estructuras eclesiásticas muy arraigadas.

"Lex credendi-lex orandi-lex vivendi"

Sr. Fülep: Hay muchos tradicionalistas que sólo se fijan en la belleza de la liturgia, pero que no se preocupan de la doctrina. El formalismo, el ritualismo y el perfeccionismo son muy peligrosos ya que estos errores separan [hacen una separación] entre la verdad doctrinal, la vida y la liturgia. ¿Cómo podemos evitar estos problemas?

Mons. Schneider: Hay un principio católico básico que dice: "Lex credendi est lex orandi". Quiere decir que la ley de la fe, la verdad católica, debe expresarse en la ley de la oración, en el culto público de la Iglesia. Los libros litúrgicos y los ritos tienen que reflejar la integridad y belleza de la Fe católica y de las verdades divinas. Al amar la belleza de la liturgia, su forma tradicional, debemos ser impelidos en nuestra alma y en nuestra mente a amar más la verdad católica y a vivirlos en nuestra vida cristiana diaria. Un verdadero católico debe amar primero la integridad de la fe, y de ese amor llega la integridad de la liturgia, y de ese amor llega la integridad de la moral. Así que podríamos ampliar el axioma tradicional diciendo: "Lex credendi-lex orandi-lex vivendi". La defensa y preocupación por la integridad de la Fe católica siempre debe hacerse, sin embargo, según el principio de "sentire cum Ecclesia", es decir, con respeto y amor.

"Non possumus!"

Sr. Fülep: En tiempos de Juan Pablo II, la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos publicó una Instrucción titulada "Redemptionis Sacramentum", sobre algunas cosas que se deben observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía. Este documento prescribe que " si el que va a comulgar quiere recibir en la mano el Sacramento, en los lugares donde la Conferencia de Obispos lo haya permitido, con la confirmación de la Sede Apostólica, se le debe administrar la sagrada hostia. Sin embargo, póngase especial cuidado en que el comulgante consuma inmediatamente la hostia, delante del ministro, y ninguno se aleje teniendo en la mano las especies eucarísticas. Si existe peligro de profanación, no se distribuya a los fieles la Comunión en la mano". Creemos el dogma de la presencia real de Nuestro Señor Jesucristo en la sagrada Eucaristía. Al dar el Santísimo Sacramento en la mano se corre el riesgo de que se caigan pequeñas partículas del mismo, profanando al Santísimo. Sabemos, por el libro de Su Excelencia, que la antigua práctica era absolutamente diferente a la actual forma protestante. Cuando se pide la comunión en la mano, ¿es "Non possumus" la única respuesta adecuada de los sacerdotes, diáconos o ministros extraordinarios?

Mons. Schneider: Sí. Estoy completamente de acuerdo con eso. No tengo nada que añadir, porque es muy evidente. Ante todo, debemos defender a Nuestro Señor. Es un hecho que casi siempre que se distribuye la sagrada Comunión en la mano hay un riesgo real de pérdida de partículas. Por eso no podemos dar la sagrada Comunión en la mano. Es muy peligroso. Debemos decidirnos por proteger y defender a Nuestro Señor. La ley de la Iglesia está subordinada al bien de la Iglesia. Y en este caso la letra de la ley –permitiendo dar la comunión en la mano– está causando un gran perjuicio espiritual al Santísimo en la Iglesia, es decir, a Nuestro Señor en la Eucaristía. Así que, dar la Comunión en la mano es peligroso y daña a la Iglesia. Por eso no podemos cumplir esa norma. Naturalmente, en la práctica es difícil, porque en algunos lugares la gente ya está acostumbrada a recibir la sagrada Comunión en la mano. Aun así, debemos explicárselo previamente con mucho convencimiento y amor, y normalmente la mayoría lo aceptará. Así que, debemos hacer todo lo que podamos para conseguirlo.

Sr. Fülep: ¿Qué ocurre si los superiores no permiten hacer eso a los seminaristas, acólitos o ministros extraordinarios?

Mons. Schneider: Prefiría no dar la comunión en la mano. Y si el superior me compeliera [obligara] a hacerlo, [le] diría: "no puedo". Debo decirle al superior que también tengo conciencia.

Regnum Eucharisticum

Sr. Fülep: A lo largo de los últimos días, Su Excelencia ha tenido la oportunidad de conocer a la flor y nata de los [fieles] católicos y sacerdotes tradicionales húngaros en sus conferencias y en la Santa Misa. Hemos visitado el Parlamento y rezado ante la sagrada Corona húngara y la santa mano derecha del rey San Esteban. ¿Cuál es su impresión del Regnum Marianum?

Mons. Schneider: ¡Es un país tan bonito! ¡Veo tantos pueblos preciosos e iglesias por todas partes! Este viaje me demuestra que éste es un país católico. Y espero que los húngaros sean fieles al Regnum Marianum para que su país pueda estar realmente dirigido por Nuestra Señora. Y el reino de Cristo siempre se alcanza a través de María. Así que, si sois un Regnum Marianum, también debéis ser un Regnum Eucharisticum. Ojalá el amor, el respeto y la defensa de Nuestro Señor sacramentado crezca también en Hungría.


[Traducido por CATHOLICVS, a partir de la entrevista original publicada en inglés por el Centro de Estudios Superiores John Henry Newman de Hungría. Los títulos de los diferentes bloques han sido respetados tal cual aparecen en el texto original].